El Carche murciano, la nueva Jerusalén para el catalanismo valenciano

Son ridículos, pero tenaces. Viven para eso. El nacionalismo es, sin duda, una religión que llena sus vidas. Su nueva ‘franja’, al modo de la de Aragón, es el Carche. Y así, la norma recientemente aprobada (18 de octubre) por la Generalidad Valenciana, gobernada por el PSOE y Compromís y apoyada por Podemos, destinada a subvencionar el uso del valenciano, y que incluye las aldeas de la comarca del Carche, situada en la Región de Murcia, dice en su artículo 7:

« Accions objecte de les subvencions. L’entitat (se refiere a los ayuntamientos de ‘Iecla’, ‘Jumella’ y ‘Favanella’, Yecla, Jumilla y Abanilla) podrà sol•licitar subvenció pels programes previstos en aquestes bases, que són els següents: a) Retolacions i senyalitzacions. Retolar exclusivament en valencià els indicadors urbans: les vies urbanes i la senyalització interior i exterior dels edificis municipals, i els indicadors de camins, de rutes turístiques, literàries, històriques, de monuments i d’itineraris paisatgístics i de la natura ».

Es decir, que la Generalidad viene a la Región de Murcia (a la que se refieren como Comunidad Autónoma de Murcia, demostrando la falta de respeto absoluto hacia una comunidad de la que ignoran hasta su denominación oficial) a ofrecer subvenciones para rotular (retolar) exclusivamente en valenciano en nuestro territorio.

Espero que el Gobierno de la Región de Murcia, si aún existe, impida, de modo contundente, que esto pueda llevarse a cabo. Por dignidad, por respeto a sus ciudadanos, aunque sólo se trate de una más de las sandeces que el catalanismo valenciano viene imponiendo desde que ganó las elecciones.

Y cuando me pregunto si existe nuestro Gobierno regional, lo hago porque no comprendo cómo, desde el momento mismo en que se anunciaron las pretensiones catalanistas de la Consejería de Educación en manos de Compromís, hace varios meses, no se manifestó nadie en San Esteban para advertir del inicio de medidas legales y políticas que cortaran de raíz semejante majadería.

Más aún: para implicar al Estado contra un propósito radicalmente inconstitucional, además de un acto de mala vecindad y de política expansionista de la señorita Pepis, que provoca ecos muy austriacos y amargos. Es verdad que, puestas así las cosas, quizás deberíamos iniciar ya una política de fomento del español en las zonas no valenciano-hablantes, como Villena, Elda, Utiel, Requena, Aspe, Orihuela, en vez de dejarlos abandonados a la catalanización forzosa a que se les está sometiendo. ¿Quieren ustedes normalización? Pues aquí vamos a normalizarnos todos.


A todo esto ya me referí en este blog (El catalanismo valenciano quiere entrar en la Región de Murcia, 2-3-16)), cuando el director general de Política Lingüística de la Generalidad valenciana vino a anunciar sus intenciones. Las cuales se han concretado en la normativa citada, por la que se va a promover el estudio del catalán (porque el valenciano de Compromís es el catalán ‘normalizado’) en las aldeas de Yecla, Jumilla y Abanilla en las que viven aún los descendientes de algunos agricultores valencianos que se trasladaron allí a finales del siglo XIX. Los cuales, por cierto, usan con absoluta normalidad su registro dialectal alicantino como lengua local y familiar, y el español para comunicarse con el resto de los españoles. Porque, además, difícilmente se entenderían ya con un catalán de norma barcelo-gerundense, la que se impuso vía Pompeu y Fabra y las Normas de Castellón, y se está intentando extender a toda costa en los territorios a los que esa norma resulta ajena.

Lo que persigue Compromís es, precisamente, eso: implantar hasta en el último rincón del dominio lingüístico valenciano la norma catalana, dado que la “unidad de la lengua” supondrá “la unidad de la nación”, es decir, abrir el camino a los Países Catalanes a través de la consecución de una comunidad lingüística única, que acabe con la dialectalización. El propósito está apoyado por el Instituto de Estudios catalanes, la principal institución del catalanismo lingüístico. En los mapas de los Países Catalanes se incluye, claro, al Carche.

Que sepan, pues, las gentes del Carche, que lo primero que va a ocurrir si se consiente este desvarío es que van a perder su habla, la de verdad, la que sienten como propia, para ser sustituida por ese catalán levemente valencianizado que están generalizando a través de la enseñanza. Los que leemos la prensa catalana sabemos hasta qué punto el Carxe se ha convertido en un nuevo Jerusalén del catalanismo.
Pero, si quieren estudiar catalán, adelante. Ya lo venían haciendo en Yecla sin el menor problema. No se puede hacer lo mismo que los nazionalistas sí hacen en Cataluña y empiezan a aplicar en Valencia: imponer la lengua catalana y prohibir el español como lengua vehicular en las aulas.

Lo que resulta del todo intolerable es que pretendan que las rotulaciones en el Carche se hagan sólo en catalán, y viniendo a legislar en nuestro territorio. Con dos collons. Eso es el Gobierno de España el que debería impedirlo incluso en territorio valenciano, pero en este punto no podemos esperar nada del PP y cada día menos de Ciudadanos.

Ahora bien, si nuestro Gobierno regional, la Asamblea y hasta la Delegación de Gobierno no se movilizan contra tal despropósito, entonces ya, definitivamente, habrá que aceptar que en España no queda nadie, ni siquiera en esta esquina ignorada donde aún creíamos ser los últimos españoles.

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