La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Final Four Barcelona 2011: crónica de una muerte consolada

Hago propósito de no volver a hacer un pronóstico deportivo. Con las maletas prestas para la conquista de Barcelona, la noche antes predije que acabaría el domingo en Canaletas, celebrando la conquista de la Final Four, 16 años después de la Octava para mi Real Madrid de las canastas. El desastre fue estrepitoso. Perdimos los dos partidos de paliza y quedamos últimos. Pese a todo, volví contento. Me explico.

¿Cómo no estarlo viviendo durante todo el fin de semana la ilusión de pasearme por Barcelona con la camisola vikinga? Fueron muchos locales los que se giraban ante la marea merengona. Temían que hiciéramos historia en su casa. Duró poco, pero la sensación de poder fue grandiosa, y más como estamos, padeciendo desde los últimos años la Maligna Dictadura Culé en fútbol y baloncesto. Otro dato para el subidón: nuestro encuentro con las cheerleaders del Prokom polaco, elegidas por los internautas entre las animadoras de todos los equipos de la Euroliga para la final. No me extraña: era diosas. Mi foto con la musa de las musas (la rubia más imperial de ellas) la guardaré en un marco de oro, fantasía y cielo.

Y la gran alegría: el ambientazo en el Sant Jordi, en la montaña de Montjuic. Para alguien a quien le gusta animar en la cancha, ver a los 5.000 griegos del Panathinaikos (entre los que me metí para ver el último cuarto de su partido de semifinales y sentir que, de verdad, las aficiones pueden ganar partidos), los 7.000 israelitas del Maccabi y los 1.500 del Montepaschi Siena no tiene precio. Todos locos. Fue brutal. Los apenas mil merengones (una pena y una vergüenza que fuéramos tan pocos) no nos quedamos atrás. Sobre todo los sesenta Berserkers. Pero no pudo ser: la realidad se impuso a la ilusión, la garra y la pasión. Nos fuimos abatidos. Hasta que a la salida nos esperaba una turba de hebreos y griegos, los que iban a jugar la final, y nos ofrecieron el oro y el moro por una entrada para el último partido. Me volví más contento cuando con lo que se saqué a un hijo de Moisés me pagué el abono y el viaje en avión…

Sin incentivo deportivo, nos quedaba por delante un fin de semana de turismo en Barcelona. Unos lo gastaron en noches de alcohol, desfase y boxeo nocturno. Otros en gozar una ciudad increíble y en ver a los amigos catalanes. El que escribe aprovechó todo. Salvo en lo del pimple. Ya soy sano. La última noche culminó con lo más bonito: un encuentro con los vikingos de Bellvitge, en Hospitalet. La Coordinadora de Peñas Madridistas de Cataluña nos invitó a una cena por todo lo grande. Y con el 2-6 al Sevilla de fondo. Fue apoteósico cantar con ellos las canciones del madridismo de toda la vida y el anticulerismo contemporáneo. Fue emocionante, muy emocionante. Era como estar con los primeros cristianos en las catacumbas. Los merengones en Cataluña no lo tienen siempre fácil. Como lo demostraron la quincena de culés con los que nos encontramos al salir del local. Al final, todo quedó en un simple y “amigable” intercambio vocinglero.

En fin, así nos fue a la marea merengona en la ciudad de la majestuosa Sagrada Familia (al fin pude cumplir mi sueño de gozarla por dentro). No pudo ser. La ilusión de la Novena murió. Pero hasta el año que viene (vuelve el profeta). Pasadas las 96 horas preceptivas, enterrada ya la descreencia, me reafirmo esperanzado. Tenemos muy buenos mimbres. No podemos caer en el tradicional borrón y cuenta nueva. La base del equipo ha de seguir. Los jugadores son jóvenes y muy buenos. Faltan sólo las piezas del puzzle que en verdad den algo más. Y un general al frente. Tipo Obradovic (grande Zeljko, ocho copas de Europa con 51 años te convierten en un dios). Tipo Messina. Insisto: ¿estamos a tiempo de que vuelva Messina? Sigo creyendo en él.

¡Hala Madrid!

PD. Menos mal que hoy ha empezado San Isidro. Los toros me harán borrar definitivamente las heridas de guerra infringidas por la Maligna Dictadura Culé.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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