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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (LXV)

Ángel Sáez García 20 Feb 2014 - 14:00 CET
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EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LXV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Bienvenido; y bienhalladas fueron, son y serán tus muchas o pocas letras aquí, en una de las direcciones de correo que tengo en Yahoo, o en cualquier otra parte, siempre que a las mismas les acompañe la pasión por o la pretensión de la perduración o la permanencia, el arte.

A pesar de la apostura de tu postura, quiero decir, si no fuera una impostura (no te extrañe que acaso no me haga caso del todo y, a la postre, la lleve hasta su mismo ocaso) en toda la regla, de buena gana seguía tu consejo (el que le diste a tu prima Reyes: que, en lugar de sumar años, los vaya restando hasta quedarse en los dieciocho, la mayoridad) y lo acomodaba a mi propia existencia. Me ha gustado tanto leer la hilarante ironía que has pergeñado que la susodicha me ha dado pie a que la continuara con humor por mis medios (ora defensores, ora ofensivos).

Ayer, por la mañana, estuvimos (mi hermano Eusebio y yo, acompañando a nuestra madre) en el HRS. Los valores del INR (índice del Sintrom) están dentro de la normalidad. Ergo, esta semana no hay que pincharle (ponerle inyecciones de Clexane) en la tripa a mi progenitora. ¡Bien!

Desde los 16 años detesto (con el paso del tiempo, sobrellevo) las Navidades. La cadena (o el encadenado) de eventos que padecí en mis propias carnes durante las primeras horas de aquel inolvidable día de Navidad, la odisea que sufrí, que a nadie le deseo que viva, y menos a tan tierna edad, sin duda, me marcó, me dejó una muesca indeleble en el espíritu.

Como dijeron los griegos de la Hélade, “lo escrito escrito está”. A cuantas/os somos perfeccionistas nos suele sobrevenir, de manera inopinada (el grueso de las veces), la insatisfacción. En cuestiones de Amor (ya sabes, es un poliedro de muchas caras), demasiado es siempre poco.

Como desde septiembre no he podido disfrutar de una jornada libre, es mi propósito subir a Cornago a pasar dos días y medio por san Blas. Mi madre se subirá con mi hermana a Cascante (si no se apunta, que, por ahora, parece que no).

Lo de la infanta no se aguanta (ni hay quien lo aguante, sin indignarse), no se tiene en pie.

Bienvenidas las rutinas (o, en singular, la rutina, si esta logra agrupar a todas las que son).

Prefiero las buenas a las malas nuevas (“que no haya novedad/es” solía aducir/argüir tu tocayo, mi dilecto tío Jesús, “el Pato” —y “el Vasco”—, a la hora de la despedida), pero dámelas, si ocurren (que no es mi deseo que sucedan o, si lo prefieres, ansío que no pasen, claro).

Gracias, por esa nueva ironía tuya, que guardas para el final de tu carta, sobre el “epistolero” (tu improbable gestión ante la RAE), igualmente, risible.

Te saluda, aprecia y abraza, como es su costumbre,

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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