EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXLI)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Mando mi más sentido y sincero pésame a los familiares y amigos de los finados en Murcia. Quienes hemos padecido la triste experiencia de haber perdido a un ser querido en un accidente de tráfico nos sentimos también disminuidos o empequeñecidos con las experiencias desgarradoras de las pérdidas que sufren los demás.
No me molesta que disientas, siempre que des, como haces aquí, tu razón. Te ofreceré la mía. No todo el mundo tiene el sexto sentido que tú y otras personas poseen para oler al (o a la) encomiasta o panegirista recalcitrante, que suele hablar bien de las personas una vez estas han finado sus días. Parece seguir al pie de la letra el epitafio que escribió Enrique Jardiel Poncela, “si queréis los mayores elogios, moríos”.
Nada tengo que objetar a lo que comentas sobre las sopas de ajo en la mejor compañía, pero, al parecer, no hiciste la lectura que yo pretendía que hicieras, pues mi propósito no era otro que este, que vieras lo que para mí era evidente en la misma, un cunnilingus. Sí, “¡qué asco más rico!”, dirá alguien. Solo sabe Dios quién.
Ídem. Consideré que debía avisarte de que no podía contestar tu/s probable/s comentario/s.
Vivimos un momento en el que hasta lo evidente (que debería ser incuestionable, indisputable, irrefutable, como tú muy bien afirmas) hay que explicarlo de manera concienzuda.
Depende de qué entendamos por “enardecidos”, claro. Si tenemos en cuenta la primera acepción que del verbo enardecer da el DRAE, “excitar o avivar una pasión del ánimo,…” y, usas, por ejemplo, el susodicho adjetivo con el significado que yo le doy al mentado vocablo de “apasionados por el amor que te profeso”, pues concluirás, poco más o menos, lo apodíctico, que, como intuyes o sospechas que no conozco de nada a Olga María, me habrá dado por hacer lo que otras veces he realizado, esto es, lo mismo que solía llevar a cabo François-Marie Arouet, “Voltaire”, quien dijo y/o dejó escrito en letras de molde que “yo, como don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme”.
Si crees que he tomado a Olga María Henao Cárdenas como blanco de mis dardos, marras de manera importante. Mis dichos satíricos van para José Antonio Monago Terraza, que, como leerás mañana (sensu stricto, ya leíste ayer; y por dos veces, porque la primera versión que mandé a mis deudos y/o amigos —y a ti te considero uno de los buenos y más dilectos— contenía un yerro, que subsané en la segunda), según mi modo de ver el asunto que nos ocupa, debería seguir la senda ejemplar que le ha abierto y mostrado su exconmilitón en el PP, el diputado por Teruel Carlos Enrique Muñoz Obón, quiero decir, presentar su dimisión (aunque este, que decidió lo que decidió y muchos conocemos porque Luisa Fernanda Rudi no se fue por las ramas y le dio a elegir entre dos opciones, o dimisión o cese, no debería irse de vacío ni de rositas, sino que también tendría que llevarse lo suyo, por haber cortado su relación con Olga María —ahora lo habitual es hacerlo por whatsApp— por teléfono, como ha declarado ella).
Por lo tanto, en el supuesto (para mí, poco probable y aun improbable) de que ella haya leído mis versos y haya hecho parecida lectura a la tuya, le pido, contrito, disculpas, porque esa no ha sido mi intención, de veras. Y es que tengo para mí por cierto lo contrario, que Olga María, además de la belleza exterior, incontrovertible, debe tener otras varias bellezas interiores indudables que la hayan hecho, la hagan y hasta la harán admirada y admirable, en definitiva, irresistible.
Creo que hay frases que hay que decir o escribir y frases que, aun siendo ciertas, hay que callar o silenciar. Si te hubieras ahorrado, verbigracia, la última de tu comentario, hubieras dado de lleno en el blanco o centro de la diana. Ese es, al menos, mi parecer.
Te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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