EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CLXXXIX)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Me sumo al sentido y sincero pésame que has dirigido a los allegados, ora deudos, ora amigos, de los todos finados, todos, sin excepción, habidos últimamente, dentro y fuera de nuestras fronteras. DEP.
Me resulta extraño, extravagante, de verdad, unir el rap de Monago, que no he escuchado, con el RIP del párrafo anterior. Pero tanto a ti como a mí y al resto nos consta que la realidad de cada día también da cobijo a estos asuntos, difíciles de aliar, conciliar o hermanar, contradictorios entre sí.
Ahora la docta casa (me refiero, por supuesto, a la RAE) es más partidaria de hablar de usos “normativamente desaconsejables” que de empleos erróneos.
Del poema que nos has dejado aquí, para saborear, preciso, precioso, sin duda, en el caso de haber sido servidor su autor, sólo hubiera enmendado el verso “no tiene sentido añorar”. Añorar tiene mucho sentido para quien ha vivido. Y el mismo criterio manifestarán, seguramente, quienes manejan, como el menda, con soltura, una de las tres potencias del alma, la memoria, y no viven instalados en un presente continuo.
Ciertamente, eso y no otra cosa era lo que pretendía decir con/en el último verso de mi décima: la condición de “fatuo” (ese ser “lleno de presunción o vanidad infundada y ridícula”) es un apunte que debe ir en la columna del debe y no en la del haber. Intuyo (sospecho) que hay más ironía, sarcasmo, sorna o tono burlón en tu comentario que otra cosa.
Allá cada quien con su forma de actuar o proceder, pero tengo para mí que, ante un acto notorio de injusticia (que implica, por tanto, ser conocedor y hasta testigo del mismo), no necesita uno/a tener la condición de notario/a o secretario/a judicial para certificar, dar cuenta y denunciar el hecho susodicho, lo más vil y despreciable, esto es, un desecho.
Abundo en tu criterio o parecer. Tres cuartos de lo mismo es lo que sostiene y viene a decir en la introducción a su obra “Ecce Homo” Friedrich Nietzsche, echando mano de las siguientes palabras: “Recompensa mal a su maestro quien quiere seguir siendo siempre su discípulo”. En plata o a la pata la llana, el alumno tiene la obligación moral de, aprovechando al máximo las lecciones que recibió de su profesor, superar el edificio intelectual/cultural que este le legó.
Acaba la presente de la misma guisa que finó las precedentes y, seguramente, terminará las siguientes, con los cuatro verbos asiduos, de rigor, quien se tiene por tu amigo y te saluda, aprecia, agradece y abraza,
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Home