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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CXCIV)

Ángel Sáez García 03 Dic 2015 - 14:00 CET
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EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXCIV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Ciertamente, menuda rara avis u “hombre astuto y sagaz, que suele suscitar recelos”, tercera acepción que da el DRAE del vocablo “pájaro”, Baltasar Gracián y Morales, sí, claro incitador de la bondad breve y aun de la maldad corta, si, en verdad, esta es escasa o poca.

Si con esas situaciones peliculeras a las que te refieres quieres dar a entender que la realidad supera a la ficción y hasta es capaz de dejarla a la altura del barro o del betún, no te refutaré, porque me consta que es así, verídica.

Esas tres vidas de las que escuchaste disertar a ese artista, que en realidad son cuatro, ya las tenemos. Recuerdo que en una de las clases presenciales de una de las asignaturas del CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica), en “Dinámica de Grupos”, supe de la existencia de la ventana de Johari, un constructo sobre el conocimiento que tenemos y tienen los demás de nosotros, una herramienta muy útil para explicar nuestra psicología.

Parece, por las noticias que trascienden un día sí y otro también, que las tragaderas de la sociedad española semejan las de una boa. La saciedad de la sociedad aún admite un poco más de suciedad (quiero decir, más comisión de delitos, comportamientos injustos sin cuento).

O se legisla mejor, se ponen al día las leyes existentes, o sea, se mudan, porque lo que está claro es que no consiguen lo que con ellas se pretende (que haya menos delitos y, asimismo, menos delincuentes en las calles), o el estado de Derecho puede saltar por los aires.

Las notas de humor no están de más, pero las injusticias, evidentes, hay que corregirlas, para que el mal no se extienda por doquier como una pandemia.

Pues no conocía la jota, de veras. Salvo que su autor (o autora) estuviera de guasa cuando la compuso (quiero decir, que echara mano de la ironía o de la vaya, para coronarla, vaya), tengo para mí que la susodicha exuda o destila una de estas tres razones (aunque, como de todo hay en la viña del Señor, no faltará quien hable de sinrazones), tres, de peso (o, tal vez, las tres juntas): o altivez/a por arrobas; o envanecimiento, que no miento, a porrillo; o soberbia a espuertas. Y acaso ese sea, precisamente, el motivo, porqué o quid no la conocía. Por cierto, he buscado en Google la jota y la misma brilla por su ausencia. Finaré esta mínima apostilla aseverando que en España, como regla general, no se entiende bien (o se comprende mal) la ironía.

Te saluda, aprecia, agradece y abraza

Ángel Saéz García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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