DOS TIPOS DE NOVELA HAY: BUENA Y MALA
EL RESTO DE DISTINGOS ES FARFOLLA
El Diccionario de la lengua española (DLE), en su primera acepción, define el término “novela” así: “Obra literaria narrativa de cierta extensión”. Desde que se empezaron a escribir y leer novelas, a ciertas personas les brotó o nació, a fin de distinguir unas de otras, un interés o necesidad perentoria por apellidarlas, por calificarlas. Así, a las novelas solían acompañarles, como si se trataran de sus parejas de baile, un adjetivo o una locución adjetiva: autobiográfica, bizantina, corta, de aprendizaje, de aventuras, de caballerías, de ciencia-ficción, de tesis, ejemplar, filosófica, folletinesca, gótica, histórica, morisca, pastoril, policiaca, rosa, etc.
Acaso haya cierto consenso, entre los atentos, desocupados y posibles lectores (bien sean o se sientan ellas, bien sean o se sientan ellos) de este texto, en considerar el “Lazarillo de Tormes”, anónimo, como la primera manifestación o muestra literaria de la novela propiamente dicha. Sabemos, a ciencia cierta, pues nos consta, de manera fehaciente, el influjo que este género hispánico en prosa ejerció en la literatura alemana e inglesa del siglo XVIII y, allende los mares, en el Nuevo Mundo (donde anduvo o fue prohibido por mendaz; luego se advirtieron en él muchas de las verdades que acarreaban sus mentiras); y, siguiendo la misma senda del acuerdo, en reputar “Don Quijote”, de Cervantes, escrita, según confesión del propio autor alcalaíno, para abatir y ridiculizar las novelas de caballerías (si este fue, de verdad, su propósito, se me impone aseverar lo obvio, que don Miguel se quedó muy corto en su pretensión, si tenemos en cuenta o tomamos en consideración cuánto lo sobrepasó o trascendió), una de sus cumbres u ochomiles, el Everest literario.
Tengo para mí claro, cristalino, que, dependiendo de los gustos literarios y de los prejuicios que cada lector avezado (hembra o varón), sea o no consciente de ellos, acarrea (pues, por la razón que sea, no ha logrado cepillárselos aún, siendo rehén de ellos), otros ochomiles han ido surgiendo como hongos, a lo largo de los años, por doquier: Victor Hugo, Dumas (padre e hijo), Walter Scott, Austen, Dickens, Cooper, Tolstói, Dostoyevski, Flaubert, Balzac, “Stendhal”, las hermanas Brontë (Charlotte, Anne y Emily), James, Valera, “Clarín”, Galdós, Baroja, Unamuno, Valle-Inclán, Woolf, Hemingway, Camus, Hesse, Mann, Lee, Cela, Delibes, Rulfo, Laforet, Matute, “Gabo”, Vargas Llosa, Cercas, Marías, Landero, Dueñas, Grandes, Carrasco, Navarro, Lindo, Montero, Redondo, García Sáenz de Urturi, etc.
Abundo totalmente con el parecer que dejó expreso Javier Cercas en uno de sus “Palos de ciego” (irónicos), marbete bajo el que aparecen sus colaboraciones en EL PAÍS SEMANAL, concretamente, en el que lleva el siguiente rótulo, “Policías y ladrones”, que vio la luz en la página 74 del número 2.395, correspondiente al domingo 21 de agosto de 2022, que acaba su parágrafo inicial así: “En definitiva, sólo (sic) hay dos tipos de literatura: la buena y la mala; todo lo demás es palabrería”.
Nota bene
En el texto entrecomillado, de Cercas, he tildado el adverbio “sólo”, porque él, su hacedor, así lo hizo y yo estoy obligado a ser fiel con lo que apareció escrito, aunque, desde que se publicó la “Ortografía de la lengua española” (2010), siguiendo su recomendación (véase la adenda de abajo), no lo tildo.
Adenda
- Eliminación de la tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en casos de posible ambigüedad
La palabra solo, tanto cuando es adverbio y equivale a solamente (Solo llevaba un par de monedas en el bolsillo) como cuando es adjetivo (No me gusta estar solo), así como los demostrativos este, ese y aquel, con sus femeninos y plurales, funcionen como pronombres (Este es tonto; Quiero aquella) o como determinantes (aquellos tipos, la chica esa), no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación, bien por tratarse de palabras llanas terminadas en vocal o en -s, bien, en el caso de aquel, por ser aguda y acabar en consonante distinta de n o s.
Aun así, las reglas ortográficas anteriores prescribían el uso de tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos para distinguirlos, respectivamente, del adjetivo solo y de los determinantes demostrativos, cuando en un mismo enunciado eran posibles ambas interpretaciones y podían producirse casos de ambigüedad, como en los ejemplos siguientes: Trabaja sólo los domingos [= ‘trabaja solamente los domingos’], para evitar su confusión con Trabaja solo los domingos [= ‘trabaja sin compañía los domingos’]; o ¿Por qué compraron aquéllos libros usados? (aquéllos es el sujeto de la oración), frente a ¿Por qué compraron aquellos libros usados? (el sujeto de esta oración no está expreso y aquellos acompaña al sustantivo libros).
Sin embargo, ese empleo tradicional de la tilde en el adverbio solo y los pronombres demostrativos no cumple el requisito fundamental que justifica el uso de la tilde diacrítica, que es el de oponer palabras tónicas o acentuadas a palabras átonas o inacentuadas formalmente idénticas, ya que tanto solo como los demostrativos son siempre palabras tónicas en cualquiera de sus funciones. Por eso, a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en casos de ambigüedad. La recomendación general es, pues, no tildar nunca estas palabras.
Las posibles ambigüedades pueden resolverse casi siempre por el propio contexto comunicativo (lingüístico o extralingüístico), en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas. Los casos reales en los que se produce una ambigüedad que el contexto comunicativo no es capaz de despejar son raros y rebuscados, y siempre pueden evitarse por otros medios, como el empleo de sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo), una puntuación adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido o un cambio en el orden de palabras que fuerce una única interpretación.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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