EL AMOR ES UN RIESGO QUE SE CORRE
CUANDO INCONDICIONALMENTE SE RINDE
Enfadarme me sienta mal, fatal; no caeré en la trampa en que cayeron las/os del manido símil “como un tiro”, porque aún no me ha disparado nadie. Abrigo la esperanza de que siga yendo la cosa así, sin sobresaltos, sin que de diana funja mi silueta.
Como hacer el amor y escribir de ello han sido mis acciones preferidas, por ser las que más gusto han aportado, tendré que imaginar que hago el primero con fémina que toque el violonchelo (y no por desvirgar otrora a “Chelo”, sino porque Consuelo me introdujo en su funda, qué honor, para esconderme y el coito hacer hasta caer rendidos) en una habitación de hotel de lujo.
A “Chelo” aleccioné en cómo ha de hacerse una felación guay, para ser grata y, amén de memorable, inmarcesible; y cómo colocar la caperuza al dedo falto de uña, de manera oportuna, eficaz, la más correcta, para sin parangón tener orgasmos, o sea, deleitosas poluciones, y al gusto no le siga, no, el disgusto, acaso disfrazado de dicterio.
He escrito con las notas que tomé otrora, hace dos décadas y media, tras haber retozado con Carlota y haber coleccionado otro deleite, este breve coloquio verosímil, aderezado, a fin de recordarlo, con una pizca de picante especia:
—Te apetece mi pene porque es grande, como airea el adagio del equino: ande o no ande el corcel, que sea grande.
—Me encanta el varón que hoy y aquí hallo enfrente, por la firme y resuelta arma que blande.
—Has sido honesta, porque no has mentido. Mucho te pone, amor, mi glande grande (aunque no eres afín a la figura que el caso encierra, impar paronomasia) y que un surtidor sea fuera y lejos de tu fértil y non sanctasanctórum.
—Me conoces tan bien que no malgasto el tiempo, precioso oro; así me ahorro tener que refutar tus argumentos.
—Bálano/balano es voz sinónima de glande; otra es ariete, delantero centro, madero para echar abajo muros, aunque se llamen hímenes o virgos.
Con ajustado colofón remato los de este texto párrafos, así: ¿Domenico Startone sentenció que el amor es un riesgo que se corre cuando incondicionalmente se rinde?
Nota bene
Llamo hoy Consuelo a tres dedos, pulgar, índice y corazón de mi siniestra mano, que con mi fértil fantasía se alían para darle a este infeliz lo dicho arriba, sí, y que aquí repito, para que quede claro, cristalino, una vez más, consuelo, transcurridas no sé cuántas jornadas desde entonces, desde que me dejó Iris destronado/destrozado.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Home