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Yo no voy a «First Dates» ni harto de güisqui

Ángel Sáez García 31 Oct 2023 - 14:00 CET
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YO NO VOY A “FIRST DATES” NI HARTO DE GÜISQUI

NO QUIERO PADECER UN PATATÚS

A quien ahora esté sentado, como eso mismo hace servidor, en una mesa (stricto sensu, en una silla alrededor de una tal), en el interior del casino “La Fuerza”, de Algaso, y le dé por mirar, como, en este preciso momento, otro tanto hago yo, a través de los cristales de los amplios ventanales que dan a la Plaza Mayor, si su mesa no está muy alejada de los mentados, claro, podrá observar, como hace el abajo firmante de estos renglones torcidos, que en el exterior está diluviando (pero, como acaso haya usado, de manera indebida la hipérbole, me enmiendo al instante), jarreando. Dentro se escucha el lógico murmullo, que no llega a ruido estridente, que la suma de los susurros de las más de sesenta personas que nos hallamos entre sus cuatro paredes hacemos.

Sobre mi mesa está el libro que (lo he dejado de leer para extasiarme contemplando un espectáculo natural, en directo, sin tener que adquirir entrada, sin tener que apoquinar un chavo, cómo llueve copiosamente) releo por enésima vez, “La utilidad de las desgracias” (Tusquets Editores, 2020), de Fernando Aramburu, una colección de artículos o colaboraciones periodísticas que aparecieron publicadas antes en diversos diarios, sobre todo, en EL MUNDO. Lo releo porque es para mí un cardume/n, un majal, un banco de peces, ya que, siempre que acudo a él, sin necesitar poner en el anzuelo carnada, carnaza o cebo, velis nolis, pesco. Y no miento un ápice o una pizca, no. Ciertamente, el volumen citado tiene la rara habilidad o virtud de que, cuando me hallo sin asunto o tema sobre el que discurrir, lo abro por cualquier parte, (re)leo unas cuantas páginas, tres, cuatro o cinco (a veces, me sobra con un párrafo de pocas líneas) y no falla, nunca me ha fallado, me brota, nace o surge un abanico de ideas, y me limito a elegir la varilla por la que me decanto u opto para disertar sobre ella. Se halla, asimismo, sobre la mesa, mi móvil, un párvulo (por lo pequeño) y antiguo (por lo vetusto) Alcatel, que, como fuera diluvia o jarrea, me apetece un montón calificarlo hoy, de manera inapropiada, sí, con el adjetivo de “antidiluviano”, no con el más correcto (aun siendo también exagerado) de antediluviano.

Acaba de entrar por la puerta del casino mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, hecho una sopa. Nada más atisbar o avistar dónde me hallaba sentado, se ha acercado a la mesa que ocupaba y, tras quitarse la gabardina, empapada, y saludarnos, le he preguntado (la cuestión que él esperaba escuchar, tras formularla este zumbón, al verle calado, hasta los huesos): ¿Dónde vas sin paraguas, alma de cántaro? Y él, que suele darme las malas noticias de sopetón, me ha respondido con guasa y sin prisa: Pues a comentarte una triste nueva, porque te he llamado tres veces al móvil, de última generación, que usas, y cómo lo tienes apagado o fuera de cobertura, se me ha encendido la bombilla y he colegido bien lo acaecido, este, por ti, Otramotro, seguramente, me he dicho, estará viendo llover, porque sé que otras veces te ha dado por venir aquí, al casino, a disfrutar de dicho espectáculo gratis. Y aquí me tienes, acompañándote en tu pasión, o ¿debo llamarla devoción?

—Hala!, pues suelta el notición —le he dicho— que noto que te está quemando la lengua.

—Que te han escogido del programa “First Dates”, de Cuatro, para que vayas a Madrid a hacer un casting.

—¿Y cómo puede ser eso verdad, si no he llamado nunca, ¡qué vergüenza pasaría, si eso ocurriera!, a ese programa televisivo?

—Llamé yo por ti.

—¿Y puede saberse por qué hiciste semejante barbaridad o sinsentido?

—Porque, aunque te quiero mucho, estoy hasta las mismas narices de que vengas a todos los sitios con mi mujer y conmigo, ejerciendo de carabina. Ya es hora de que, tras tanto empujón infructuoso, des un paso al frente y tengas, por fin, pareja.

—Pues, como solo es una selección, y puede que halle en ella una anécdota o asunto sobre el que trenzar, para que veas que no se me caen los anillos, iré.

Nota bene

¿Puedes creerme, atento y desocupado lector (seas ella, él o no binario) de estos renglones torcidos, que en el tren Alvia que tomé anteayer para acudir a Madrid al casting, me volví a encontrar, por segunda vez, lo casual puede parecer causal, sí, pásmate, con mi novia actual, Mayte, a quien le habían escogido también en el mismo programa para dicha prueba, pues su hija había fungido de celestina y llamado a “First Dates” por ella, asimismo, sin su permiso?

¿Puedes creerme que, aunque nos hemos escrito y mandado cientos de correos, no había vuelto a ver a Mayte en los dos meses transcurridos desde la prístina vez? Aunque no aparece como el segundo subtítulo proyectado, el endecasílabo que había ideado al principio no lo he desechado y lo he postergado y guardado para el postre, pues había decidido, no sé si acertada o equivocadamente, que sería más sorprendente leerlo aquí: AMAR EN EL HOTEL A MAYTE PLUGO.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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