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El obsequio mejor de un cumpleaños

Ángel Sáez García 13 Sep 2024 - 14:00 CET
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EL OBSEQUIO MEJOR DE UN CUMPLEAÑOS

ES QUE A LA DICHA LE ACOMPAÑE EL LIBRO

“Creo que lo que pasa es que cuando lo paso mejor es precisamente cuando alguien empieza a divagar. Es mucho más interesante”.

Se lee en el capítulo 24 de “El guardián entre el centeno” (1951), de Jerome David Salinger.

Desde hace más de cuarenta años (ciertamente, uno no es de ayer), sostengo la tesis de que el mejor regalo de cumpleaños que pueden hacerte tus deudos y amigos no es que te feliciten (que ese hecho, a solas, ya está bien), sino que esos deseos de dicha a raudales vengan acompañados de un libro (si es bueno, eso resultará mejor, óptimo, ya que un día podrás releerlo por varias razones de peso), y que, de vez en cuando, ese libro mude o mute en un diccionario de manejo fácil y que haya sido puesto al día.

Aunque hoy no es mi cumpleaños, durante el breve rato (no más de veinte minutos) que ha durado la siesta, y he podido disfrutar, durmiendo y soñando, mi inconsciente se las ha bastado e ingeniado para poner en pie una de las muchas y reales comidas que he compartido con mis amigos “los Luises” (Calvo Iriarte y de Pablo Jiménez), a la que, en esta oportunidad, ignoro el porqué, no se ha sumado Mari (Jesús María); cuya presencia nos viene bien, nos encaja, como alianza al dedo anular, al añadir un parecer o perspectiva más al debate y, sobre todo, cuando luego nos apetece echar una partida de mus, a cuatro reyes, por parejas.

Al principio del sueño, he pensado que estábamos, como otras veces, degustando los manjares que obraban sobre la base o el fondo de los platos elegidos por cada uno de nosotros en el bar/restaurante “Ángel”, de Barásoain, donde siempre nos han tratado estupendamente y hemos quedado satisfechos por la excelente relación calidad/precio. Pero el restaurante de la experiencia onírica era otro, que no he acertado a identificar (como mi inconsciente es tan fecundo como mi consciente, puede que este haya aprendido las técnicas de mago del segundo, un perito en la materia, y se haya sacado de la chistera o manga un truco nuevo, original, y se haya quedado, tras protagonizar ese ejercicio de prestidigitación, tan campante).

Calvo, a quien le tengo un aprecio, cariño o estima especial, pues ejerció otrora, velis nolis, de mi hermano mayor José Javier, difunto, ya que él fue quien me sacó de Tudela a trabajar de camarero en otras localidades navarras y riojanas, hecho crucial en mi existencia, pues propició o me permitió conciliar trabajo y formación, o sea, seguir estudiando la carrera de Filología Hispánica, en la Universidad de Zaragoza, ha vuelto a afearme mi actividad creativa, a sermonearme con la misma cantilena o cantinela de siempre: que en mis textos aparecen palabras cuyos significados desconoce, y eso le entorpece la lectura de mis escritos, pues debe acudir al Diccionario de la lengua española para solventar esos bretes; que eso mismo le sucede con mis plurales incisos o apartes, vayan entre comas, guiones largos o paréntesis.

Le intento persuadir con idénticos argumentos a los usados en ocasiones anteriores: que cada hacedor es libre de escoger, entre un variopinto acervo de vocablos, y adoptar el estilo que mejor cuadre con aquello que desea narrar o relatar; que para un escritor el abanico de oportunidades, en todo momento y lugar, permanece abierto, y que este menda, en concreto, no descarta, en principio, ninguna de las varillas u opciones; que la información que aparece recogida en esas apostillas o escolios es pertinente, distintiva y relevante, además de enjundiosa; y que las excursiones, sean al campo, a la montaña o a la playa, o las digresiones en los textos me agradaron, como eso mismo le sucedía a Holden Caulfield, protagonista de “El guardián entre el centeno”, de Salinger.

He aquí para el lector desocupado y atento de los trazos precedentes el final esperado o moraleja, que suele aproximarse cuando aleja: si el texto no le gusta a su hacedor, lo hará difícilmente a su lector.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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