SIN ACCESO A INTERNET TAMBIÉN SE VIVE
“(…) ‘Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir; yo me jacto de aquellos que me fue dado leer’, dije alguna vez. No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector”.
Jorge Luis Borges
No soy Geoffrey Hinton, ergo, mi nombre y primer apellido no aparecen en los papeles, quiero decir, en las páginas de prestigiosos periódicos y revistas, en los mass media. No me llamo como quien recibió el compartido premio Turing de 2018 con los expertos en aprendizaje profundo Yoshua Bengio y Yann LeCun. No tuve que dimitir, por tanto (tampoco por tonto) de mi puesto de trabajo en Google, como sí hizo él, pero me quedé con la razón de peso (a mí, al menos, así me lo pareció) que adujo con ocasión de dicha renuncia: los modelos generativos que la empresa para la que trabajaba entonces estaba desarrollando le daban miedo cerval, pánico, por la peligrosidad que advertía en ellos. No he sido invitado por varias de las universidades más importantes del orbe para impartir conferencias sobre inteligencia artificial (IA); y, por ello, no tengo la fecha exacta en la que acontecerá el apocalipsis, que el mundo estallará. Que eso va a suceder, antes o después, aunque le llamen, por sostener dicho argumento, catastrofista, es más que una corazonada o pálpito. Considero que, si la cosa sigue yendo por los derroteros del descontrol que discurre, el mundo va a saltar por los aires; de eso tampoco hoy a mí me cabe la menor duda.
No me llamo Lorena Fernández Álvarez, ni nací en Basauri, ni recibí el premio Buber del año 2018, pero, si tuviera que decantarme y elegir a qué grupo adherirme, entre los “tecnoptimistas” y los “tecnopesimistas” de la supuesta disyuntiva, optaría, teniendo los ojos abiertos, más que abiertos, nunca cerrados, como se ha inclinado ella, por el segundo colectivo.
No tuve nada que ver con la encuesta que, en agosto de 2022, se realizó a más de 700 expertos en IA. Bueno, pues, en lo concerniente a sus posibles riesgos, la mitad de los peritos en dicha materia juzgó (a partir de la información que disponían) que había un 10% o más de probabilidades de la extinción de la humanidad, debida a los futuros progresos embarullados, caóticos, de la IA. Así que, tras constatar y extraer las enseñanzas oportunas de esos datos, a nadie le extrañó leer en un artículo que llevaba las firmas de Yuval Noah Harari, Tristan Harris y Aza Raskin, la siguiente pregunta: ¿Embarcaría usted en un avión, si la mitad de los ingenieros que han participado en la construcción de dicha aeronave sostiene la tesis de que hay un 10% de probabilidades de que se estrelle (no dicen si la hecatombe ocurrirá al despegar, en pleno vuelo o al aterrizar)?
Las nuevas tecnologías son un cuchillo de cocina, una sencilla herramienta; se puede usar para hacer el bien, trocear una cebolla o un pimiento, o rebanar un pescuezo humano, hacer el mal. El problema es el abuso, las muchas horas que el ciudadano medio, poseedor de un smartphone, pasa frente a su pantalla, que resulta más adictiva que la cocaína o una máquina tragaperras.
El abajo firmante tiene dos teléfonos sandios, sin acceso a internet, que le sirven para comunicarse. Hace uso de la red de redes en la biblioteca pública “Yanguas y Miranda”, de Tudela, donde en una de sus computadoras pasa cuanto escribió la víspera a mano, con la ayuda de un bolígrafo BIC azul, en casa.
Se puede vivir maximizando y optimizando las horas de atención y concentración precisas, diarias, para crear, sin la obligación de tener teléfono inteligente ni ordenador. Y que nadie colija de las palabras que anteceden que me enorgullezco o ufano de ello. No presumo; sencillamente dejo constancia del hecho, que es apodíctico, “incondicionalmente cierto, necesariamente válido”, así define dicho vocablo el Diccionario de la lengua española (lo dejo aquí apuntado, por si algún atento y desocupado lector, ora sea o se sienta ella, él o no binario, de estos renglones torcidos ignoraba su significado).
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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