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Todo depende de la perspectiva

Ángel Sáez García 24 Sep 2024 - 14:00 CET
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TODO DEPENDE DE LA PERSPECTIVA

La semana pasada me autoimpuse, como razonable desafío realizable, la tarea de coronar un trabajo de campo para esta; en concreto, llevar a cabo una pequeña encuesta, un párvulo experimento, con escasas pretensiones científicas. Había decidido formular a una veintena de personas adultas (no adúlteras, aunque he de reconocer que, en algunos casos, no en todos, por supuesto, ambos vocablos coincidan, es decir, encajen perfectamente, como alianza en el dedo anular, y sean la misma cosa, si prestamos la debida atención a las muestras o sondeos demoscópicos que se publican, cada cierto tiempo, en los mass media y trascienden) que acudieran a la biblioteca pública “Yanguas y Miranda”, de Tudela, donde casi casi dispongo de un reducido despacho, dos preguntas, solo dos, estas: 1. ¿Por qué cree usted que está aquí? 2. ¿Qué es lo que le da sentido a su vida, en el supuesto de que haya alguien o algo que se lo dé?

Hoy, viernes, transcurrida la hebdómada, ya tengo los datos que ha arrojado la misma, que he extraído del susodicho. Bueno, pues, estoy en disposición de poder asegurar lo obvio, que no ha habido dos respuestas coincidentes, y ninguna se parece a lo que hubiera contestado yo, o confiaba o esperaba leer y constatar, de manera fidedigna. Ninguno ha abundado con lo que me respondió a otra cuestión fray Ejemplo, el mismo día me brotó la idea, que “a la evolución humana solo le interesa conseguir el máximo galardón: procrear, procrear y procrear y, de resultas de ello, que se perpetúe la especie; nada más, pero, asimismo, nada menos; no lograr un accésit impecune, no”.

Como cada quien es hijo de su madre y de su padre (ambos contribuyeron con el 50% de los genes a la gestación o preñez del vástago), cada quisque ha opinado de forma personal e intransferible, siempre que tuvieran criterio propio, claro; y, por ende, distinta (y distante del resto); así que no me ha extrañado que uno, sobre todo, haya salido por peteneras.

Este menda ha llegado a la sólida conclusión de que ha habido respuestas de todo jaez, como en botica; unas han sido más certeras que otras, que lo han sido menos, o no; depende; pues todas las he reputado válidas (al principio y, sí, también, al final). Y es que, por ser lo más explícito posible, todo depende del punto de vista, del prisma, de la perspectiva de quien observa y conjetura.

Si he de ser sincero, y aquí lo soy, cien(to) por cien(to), a carta cabal, aunque mi mente esté programada y preparada, esto es, entrenada y estructurada, para acomodar cuanto me consta o sé a una situación irreal, pero posible, verosímil, creíble, para hacer un cóctel o combinado con las verdades o mentiras que dispongo o surgen de las que tengo, a fin de crear, a partir de ellas, algo nuevo, diferente de lo real, que puede acarrear en sus entrañas o portear alguna enseñanza o lección ética o estética, ha habido dos encuestados varones que, por las respuestas que han dado, han descollado o sobresalido del resto. Les he adjudicado las letras mayúsculas G y S, por corresponder al séptimo y al vigésimo y último encuestado.

El G ha contestado esto a la pregunta 1. “Por el mero azar y un conjunto de circunstancias que no volverán a iterarse; así que no por el eterno retorno nietzscheano, al que yo le niego el pan y la sal, los pies y la cabeza”. Y esto otro a la 2. “Pensar, o sea, invertir mi tiempo en estar alerta, atento a cuanto pasa a mi alrededor, amar, imaginar mentalmente y echar mano del lenguaje oral, el escrito y el gestual para transmitir lo meditado y propalarlo”. El S ha respondido cuanto sigue: 1. “Evidentemente, para poder responder a las dos preguntas que aparecen en el folio que me has entregado”. 2. “Tú; pero es una pena que no seas gay; porque, si lo fueras, y yo te gustara tanto o más de lo que tú me gustas a mí, podríamos vivir en pareja y, si, transcurrido un tiempo prudente, nos soportáramos, casarnos pronto en el Consistorio, porque barrunto (y estas intuiciones, preñadas de certeza, hay que aprovecharlas cuando aparecen) que tienes cuanto me complementa o completa; entre otros dones, el punto de locura que a mí me falta”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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