LE DEBO A DON FRANCISCO EL MAGISTERIO
RUEGO A MIS ALLEGADOS QUE PERDONEN
“No he de callar por más que con el dedo,
Ya tocando la boca o ya la frente,
Silencio avises o amenaces miedo”.
Francisco de Quevedo, primeros tres versos endecasílabos de su “Epístola satírica y censoria contra las costumbres de los castellanos, escrita a don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares, en su valimiento”, trenzada en tercetos encadenados.
Si me hubiera callado pareceres
Y/o no hubieran salido del tintero,
Les habría ahorrado más de un pero
Y no habría enturbiado sus quereres.
O, por si verseado así prefieres,
Si el clan hubiera sido lo primero,
Habrían sorteado el candelero
Mis deudos, la pintura mis enseres.
Pero así es servidor; si mi criterio
Lo tengo que abortar, porque no gusta,
Y auguran viaje de ida al cementerio,
A mí ese proceder vil no me asusta;
Me inquieta tanto o más que me disgusta.
Aprendí de Quevedo ese misterio.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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