SUEÑO DE TRES VIÑETAS CON CHORRADA
Hoy, durante los veintitantos minutos que ha durado mi breve rato de siesta, he soñado, por el orden que guardo y seguiré en mi relato, tres episodios o viñetas oníricas.
En la primera, me he visto a mí mismo como si fuera el degollado Asterión, que fue el nombre que le dio al minotauro Jorge Luis Borges, cuando al clásico autor argentino le brotó la idea de referir, a su estilo o modo, suigéneris, su versión personal sobre la anhelada paz que le trajo al endriago cretense la muerte que le infligió Teseo, en la casa-cárcel que mandó construir a Dédalo para él, el monstruo, su padrastro, Minos, el laberinto de Creta, del que, tras realizar su proeza, el héroe e hijo de Egeo (o Poseidón, según otra fuente) logró salir gracias al hilo que le había prestado Ariadna. Pero yo deambulaba por las calles y plazas de Tudela tranquilamente, sin que nadie me tuviera miedo, porque no bufaba o mugía. Este sueño lo he interpretado en apenas un pispás, porque tenía que ver con lo que por la mañana había vivido, cuando, antes de bajar a la biblioteca municipal “Yanguas y Miranda”, de Tudela, sita en el número 14 de la calle Herrerías, donde la responsable del turno de mañana, Teresa Bellido, como lo propio acostumbran a hacer sus compañeros, me ha atendido de manera inmejorable, a la perfección, he accedido al Centro de Salud “Santa Ana”, donde en la primera planta, en la estancia que hay junto a los ascensores, una enfermera me ha inyectado el contenido de una jeringuilla en el hombro derecho, la vacuna de la gripe, y el contenido de la otra en el izquierdo, la vacuna de la covid.
En la segunda viñeta, he visto cómo un señor que vestía mono azul vertía por la abertura enrejada de una alcantarilla de la calle el contenido de un cubo con agua ennegrecida, y yo le he pedido que no lo hiciera del todo, pues deseaba beberme parte de esa agua sucia. No sé si he interpretado correctamente el episodio, pero he colegido que ese líquido mugriento era el conjunto de bulos o noticias falsas que quieren que nos traguemos, velis nolis, Atila, el que atiza, el guía de los “hunos”, y el zorro que zurea, el líder de los “hotros”, como gustaba escribir, así, entrecomillados, a Unamuno.
En la tercera, y acaso también su anagrama, certera, he visto que, nada más abrir la puerta del edificio donde vivo, una vecina bajaba por la escalera a la calle, al contenedor de la basura, un recipiente grande de lejía, que llevaba en su diestra, y le he rogado que me permitiera llevármelo a la boca, por si quedaba en su interior alguna gota que pudiera aprovechar y desinfectara, en parte, mi contaminada garganta, por la obligada ingesta acostumbrada, las noticias apócrifas, (pre)cocinadas por los “hunos” y los “hotros”.
Mientras estaba redactando la segunda de las viñetas, que mi inconsciente ha elaborado por su cuenta y riesgo, sin contar con mi aquiescencia, nada fuera de lo común, o sea, como hace de ordinario, he recordado cuanto había pasado por alto; acepto que el atento y desocupado lector, ora sea o se sienta ella, él o no binario, de estos renglones torcidos opine que yo había olvidado una inesperada chorrada o chorretada, que me ha hecho rememorar la anécdota verídica que había sido, sin ninguna duda, su fundamento.
Cierto día, hace muchos años, mi guía y mentor me hizo un tercer grado encubierto o sometió a un cuestionario sorpresa. De aquel listado de cuarenta preguntas, solo me llamó, por su originalidad, una, esta:
—¿Cuándo supiste que serías literato?
Y yo le respondí, como el rayo, lo mismo que en otro sueño le había contestado a mi primera esposa el día de nuestro compromiso, cuando aún era mi novia, con la que no llegué a yacer, porque, desgraciadamente, falleció de un ataque al corazón durante el banquete de nuestras nupcias:
—Cuando Eusebio Sáez Ovejas e Iluminada García Vidorreta se miraron mutuamente a los ojos la primera vez en sus vidas y se gustaron. Y lamento no ser más explícito, porque tengo un recuerdo bastante desdibujado de aquel incidente de marras.
Y ella me respondió:
—Espero que estés bien de la azotea; y todo lo que te inventas, porque no puede ser cierto todo lo que cuentas que te ha pasado, sea la estrategia que sigues para conquistarme, y que yo me enamore de ti hasta los tuétanos.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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