NO TE CASTIGUES, NO, SIENDO IMPACIENTE
—Buenas tardes, Otramotro. ¿Qué haces?
—Buenas, Metomentodo. Estoy tomando notas para escribir una crítica literaria.
—No sabía que, además de perito engarzador de embustes, bien en prosa, bien en verso, fueras también crítico.
—Todos lo somos. Todos acarreamos a uno, al menos. Tú, que no eres una excepción a esa regla, también. Otra cosa es que no sea nuestro oficio, que nos dediquemos en cuerpo y alma a dicho menester y cobremos por llevarlo a cabo.
—Yo no soy crítico. No he escrito una crítica en mi vida.
—Lo eres. Más de una vez he ido contigo o tú has venido conmigo a ver una obra de teatro o una película. Y, al final, antes de irnos cada uno a nuestra casa, hemos estado comentando qué nos había parecido la pieza teatral o el filme. Eso es hacer una crítica, aunque luego no la escribamos y, por ende, no aparezca publicada en las páginas de cultura de un periódico o revista.
—¿De qué autor es la obra que te dispones a criticar?
—Eso no te lo puedo decir antes de que la escriba y vea la luz.
—¡Cuánto misterio!
—Tengo que elegir y medir bien cada una de las palabras que contenga.
—¿Más de lo que tardas en hacer esa selección, cuando trenzas tus artículos de opinión?
—Igual.
—Qué se necesita para ser crítico de un periódico?
—Que te contrate el dueño del diario como tal, como colaborador, supongo. La verdad es que no lo sé.
—No sabía que los hubiera.
—En principio, cada entendido o experto en una materia lo es.
—¿Qué tiene que tener o no ha de faltarle a uno para serlo de los buenos?
—Criterio, sensibilidad, benevolencia.
—¿Benevolencia?
—Sí; si hubieras leído entero el inclasificable libro “Juan de Mairena (sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo)”, de Antonio Machado, te hubieras llevado a los ojos estas palabras suyas: “Si alguna vez cultiváis la crítica literaria o artística, sed benévolos. Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin o conformidad con lo inepto, sino voluntad del bien, en vuestro caso, deseo ardiente de ver realizado el milagro de la belleza. Solo con esta disposición de ánimo la crítica puede ser fecunda. La crítica malévola que ejercen avinagrados y melancólicos es frecuente en España, y nunca descubre nada bueno. La verdad es que no lo busca ni lo desea”. Y, a renglón seguido, más abajo, lo siguiente: “Esto no quiere decir que la crítica malévola no coincida más de una vez con el fracaso de una intención artística. ¡Cuántas veces hemos visto una comedia mala sañudamente lapidada por una crítica mucho peor que la comedia!”. Y, unas líneas más arriba de la que encabeza estos textos entrecomillados, esto otro: “La prosa, decía Juan de Mairena a sus alumnos de Literatura, no debe escribirse demasiado en serio. Cuando en ella se olvida el humor —bueno o malo—, se da en el ridículo de una oratoria extemporánea, o en esa que llaman prosa lírica, ¡tan empalagosa!”.
—O sea, que el humor, en lugar de estorbar, ayuda, a la hora de escribir prosa crítica.
—Criticar no es decir solo lo que no nos ha gustado de una obra o libro, sino también dejar constancia de cuanto nos ha agradado. Esta es la primera definición que da el Diccionario de la lengua española de la RAE: “Analizar pormenorizadamente algo y valorarlo según los criterios propios de la materia de que se trate”.
—A mí todos los libros que he leído me han placido por algún motivo.
—Eso es, poco más o menos, lo que adujo Plinio el Viejo, según parecer de su sobrino Plinio el Joven, quien, ciertamente, en la “Epístola a Baebio Macro”, rememorando cuanto escuchó aducir varias veces a su deudo, escribe en latín: dicere etiam solebat nullum esse librum tam malum ut non aliqua parte prodesset (o sea, traducido al castellano, “incluso solía decir que no hay ningún libro tan malo que no aproveche en alguna de sus partes”).
—Me parece una opinión cabal.
—Hay autores que, para no parecer unos desalmados, o unos ingratos, prefieren no opinar en público sobre lo que han escrito otros y ellos han leído; pero, cuando fallecen y ven la luz sus diarios, que trenzaban en secreto, allí están sus criterios, sus críticas. Hay quien no soporta en los demás cuanto aguanta en él, y quien tolera menos en él lo que les permite a los otros.
—¿Puedes decirme una sola de las ideas que has apuntado en tu libreta sobre la crítica que vas a hacer?
—Puedo. Si la cosa no sale, date tiempo. Tal vez salga mañana sin esfuerzo. No te castigues, no, siendo impaciente.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Home