EN LOS WASAPS DE “EL MUNDO”, ¿QUIÉN ES QUIÉN?
Todos hemos escuchado referir a algún contertulio o “todólogo” (otros suelen mudar la última voz por “Gerundio”, recordando el nombre del proverbial personaje literario de la célebre y satírica novela del religioso jesuita leonés José Francisco de Isla de la Torre y Rojo, “Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes” (1758, primera parte; y 1768, la segunda), que no había aprendido a leer ni escribir y ya sabía predicar), ora fuera o se sintiese ella, él o no binario, alguna vez, estando oyendo en la radio o viendo en la televisión una tertulia política, la anécdota de que hubo un monarca español (Fernando VII, aunque la gente suele mutar la efe de Fernando por la efe de Felipe II y se queda tan campante; al parecer, era torpe como él solo, pero le gustaba ganar al billar) a quien le dejaban o ponían sus contrincantes las bolas blancas sobre el tapete verde de una mesa para que, velis nolis, hiciera carambola. Bueno, pues, mutatis mutandis, hace años, menos de un lustro, en el ejercicio de la gobernanza de España, llevando las riendas del poder político, hubo un dirigente con vocación de autócrata, dogmático a machamartillo, nada transigente, si hemos tenido la oportunidad de echarles un ojo a los wasaps que ha publicado recientemente el diario “El Mundo”, donde este país se parecía, como una gota de agua a otra gota de agua (y, si no han cambiado mucho las cosas, seguirá semejando, me temo) a una parada (así define dicho vocablo el Diccionario de la lengua española de la RAE en su sexta acepción: “Lugar en que los caballos o asnos cubren a las yeguas”. Echo mano de esa figura literaria que es la ironía para agregar que puede que haya discrepancias sobre quiénes ejercían los papeles referidos a dichos équidos o equinos, pero no me cabe la menor duda de quién era el mamporrero (esta es la doble acepción que da el citado diccionario: “Persona que dirige el miembro del caballo en el acto de la cópula” y “Persona que amaña algo en beneficio de otra”). Que cada quien extraiga sus propias conclusiones. Que cada palo aguante su vela. Y, si opta por seguir engañado por la gran patraña, que le vaya bonito.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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