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Puntos de vista en torno a una manzana

Ángel Sáez García 03 Jun 2025 - 17:00 CET
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PUNTOS DE VISTA EN TORNO A UNA MANZANA

A veces, un hecho natural, normal, simple, como pelar una manzana y comérsela, desplazado a un lugar inhabitual, extraño, verbigracia, un escenario de televisión, puesto bajo los focos, puede devenir en un suceso hilarante, cómico. Y eso es así, porque este menda, siendo aún menor de edad, vio ese gag o situación risible, en un programa de variedades de Televisión Española, “Esta noche… fiesta”, dirigido por Fernando Navarrete y presentado por José María Íñigo. El genial actor, que se ayudó de sus gestos para conseguir cuanto pretendía, claro, dicho menester, que la gente se mondara de la risa, tras haber mondado él la pieza de fruta, era Tony Leblanc. Reconoce, asimismo, sin requilorios, que se rio, mas ahora mismo no recuerda con fidelidad, si fue por el mero hecho en sí (su vis cómica y visajes cooperaron), que, en principio, carecía de toda comicidad, o porque escuchó cómo lo hacían, a mandíbula batiente, algunos de los espectadores presenciales del programa en el plató, que veían las entrevistas y el resto de actuaciones en directo.

Así las cosas, el párrafo precedente viene a cuento de lo que sigue, la famosa conferencia que impartió el mejor filósofo español del siglo XX (como no soy dogmático, sino transigente, acepto, de buena gana y grado, discrepantes) José Ortega y Gasset, en la que exhibió una manzana (no una manaza, como había escrito al principio) en la palma de una de sus manos. Los asistentes a la misma, a los que él preguntó qué veían y a los que no fueron interrogados por él, contemplaron todos ellos, sin excepción, salvo que acudiera a la susodicha un invidente, incluido, por supuesto, el conferenciante, una manzana. Cada uno, desde su asiento, prisma o punto de vista. Pretendía dar cuenta del perspectivismo, doctrina o teoría que defiende la pluralidad en las distintas maneras de acceder a la realidad, que, en este caso concreto, era la mentada pieza de fruta. Nadie la veía entera, solo una parte de la misma. Bueno, pues, eso era lo que pretendía demostrar también al público que se desplazó al lugar donde Ortega disertó o hizo la susodicha exposición, que la verdad es la suma de verdades parciales, peculiares, que nacen de pareceres o perspectivas singulares, itero e insisto, modos distintos de abordar la realidad.

Lo que conviene hacer con la realidad, en el supuesto de que la identifiquemos con un problema que debemos resolver, es dividirlo para vencerlo (una medida estratégica, bélica), sí, partirlo, trocearlo, como solía hacer mi difunto amigo y compañero José Luis Álvarez Santaolalla en los camilos (en Navarrete y en Zaragoza), que solía partir una manzana en dos mitades y las dos resultantes en otras dos; obtenidos los cuatro cuartos, procedía a mondarlos y comérselos. Mutatis mutandis, esa lección es la que les recomiendo seguir encarecidamente a quienes me narran sus problemas o los plantean. Es la mejor manera de hallar pronto soluciones a los mismos.

He decidido colocar un ápice o pizca de picante en el colofón. Así que añadiré en este, el último parágrafo, que otro tanto cabe hacer con el cuerpo semidesnudo o desnudo de una fémina (en el supuesto de que el lector atento y desocupado de estos renglones torcidos sea o se sienta ella, él o no binario, que ponga su granito de arena y fantasee o imagine a su gusto) que ha dicho amén o se ha avenido a frotarlo o rozarlo —el roce hace el cariño— con el tuyo), proceder a besarlo, chuparlo y aun mordisquearlo por partes, para sacarle el máximo provecho (y que la pareja obtenga tres cuartos de lo mismo) a su exploración y explotación de piel, ora lleve, o no, tatuada una manzana en la espalda, a la altura de los riñones, y la sílaba LO, escrita en letras verdales, en el glúteo izquierdo, y la sílaba VE en el derecho. Cuando las veas y caigas en la cuenta de la suma, la palabra AMOR, LOVE, en inglés, no olvidarás el sedoso (no seboso, como había escrito al principio) pendejo que nacía en sus ingles, seguro.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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