PENSAD, ANTES DE ASIR EL BIC AZUL,
EN QUÉ LUGAR DEL FOLIO VAIS A HERIR
“Hoy, sea cual sea el día de la semana y del mes que elija para alumbrar las líneas torcidas que contiene este breve texto, os exhorto con especial encarecimiento a todas vosotras para que os exhibáis, ofrezcáis y mostréis propicias y no reticentes conmigo; a que os dejéis seleccionar y llevar; a que me ayudéis a salir airoso del aprieto o brete que supone no saber aún del todo, habiendo empuñado ya el BIC azul y empezado este a dejar trazos tras de sí, sobre qué asunto o tema voy a disertar o discurrir aquí.
“Os animo con ruegos y razones de peso (que luego os intentaré infundir o inspirar) a que estéis dispuestas a echarme una mano de la manera más provechosa para vosotras, que, si no marro en mi augurio o vaticinio, será (bendita coincidencia o chiripa) la más rentable para mí.
“Os pido a las que os mostráis aún adormiladas, a las que os estáis desperezando, legañosas en algunos de vuestros rasgos, que toméis conciencia de esta perogrullada, de que estáis para lo que estáis, para servirme, que es la única forma auténtica, fetén, de serviros a vosotras mismas”.
Antes de que entraran mis alumnos (ellas y ellos) en la clase, durante los últimos minutos del recreo, he aprovechado el silencio imperante en el aula para escribir en el encerado con tiza las líneas precedentes. Sobre dichos renglones torcidos va a ir el examen. He aquí la única pregunta del mismo: ¿A quiénes se dirige o refiere el autor (hembra, varón o no binario)?
Mis discentes, he de reconocer la conclusión a la que he llegado sin requilorios, once horas después de lo que he narrado en los parágrafos anteriores, ahora que he terminado de corregir (si es que he hallado algo que enmendar, ya que en varios, alrededor de una quinta parte, no he hecho otra cosa que leer, pues no he tenido que subsanar nada) sus ejercicios, han estado originales, pero ha habido uno excelente, de una alumna fuera de lo común, a la que he juzgado que lo oportuno era calificar con un diez (10). Ni siquiera yo había advertido y considerado en la posibilidad que ella ha reparado y alegado.
Su ejercicio contenía apenas catorce líneas, pero estas han sido suficientes (en ella, en la alumna que se ha hecho digna merecedora de recibir la matrícula de honor, por fin, he logrado uno de mis propósitos anuales, ha arraigado la lección que acarrea y contiene el adagio 105 del “Oráculo manual y arte de prudencia”, 1647, de Baltasar Gracián: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos”) para concederle la máxima nota, la que se había ganado con merecimiento. He aquí, a continuación, las tales:
“No puedo saber, a ciencia cierta, a quiénes se dirige y refiere con esas palabras el autor. Ahora bien, puedo fantasear con ellas. Si yo hubiera sido su artífice, hubiera pensado, en primer lugar, en que se dirigía a los propios vocablos, los que recoge el Diccionario de la lengua española, DLE, y a otras voces, que aún no han sido admitidas o no tienen todavía cabida en él, pero son válidas para dar cuenta de cuanto había pensado decir.
“Las palabras, en su conjunto, son el acervo imprescindible, la indumentaria o el requisito necesario, para vestir las ideas que queremos comunicar a los demás, los hechos que deseamos contar.
“Mutatis mutandis, ese es el escueto discurso enardecedor que suelo pronunciar, a fin de espabilar a cuantos atuendos o ropas guardo en mi armario, cuando lo abro por la mañana: Hoy tenéis la posibilidad de luciros. No seáis apocados, tímidos, y ofreceros a mis ojos. Aprovechad la oportunidad y no la dejéis escapar; y persuadirme que escoja vuestros colores y fibras”.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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