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Hoy abundo y discrepo de mi quinto

Ángel Sáez García 22 Dic 2025 - 20:00 CET
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HOY ABUNDO Y DISCREPO DE MI QUINTO

Hoy abundo y discrepo de mi quinto Javier Cercas (o sea, me siento —sin tener que colocar mis posaderas en una silla próxima o distante de la que ocupa él—, al mismo tiempo, cerca y lejos; algo parecido sucede en la física cuántica, en la que, antes de la experiencia u observación, puede darse una circunstancia, la que sea, y su contraria, según el principio de superposición). Coincido con su criterio y disiento de su parecer. Es más, estoy completamente seguro de que, como nada de lo humano le es ajeno, y tres cuartos de lo propio me acaece a mí, si hoy leyera lo que escribió y pudiera rehacer lo urdido, añadiría frases a lo que trenzó y eliminaría palabras de su tesis. ¿Por qué? Porque la verdad (toda verdad, en principio, sin excepción) es interina, provisional, ya que dura en pie mientras no es refutada o contradicha y, a renglón seguido, abatida por otra que, en ese preciso y crucial momento, ocupa el lugar en el que la anterior se había enseñoreado, desde que derribó a la precedente, su peana o pedestal, como así lo advirtió y adujo el filósofo y sociólogo austríaco-británico Karl Raimund Popper.

El escritor, como la copa de un pino alto, altísimo, que es Javier Cercas, autor de “El loco de Dios en el fin del mundo” (cito esta obra por dos razones, por ser la última publicada por él y por no haberla terminado de leer aún servidor; me la regaló mi amigo Luis Quirico y reconozco que pensé que no me iba a gustar tanto como las anteriores, que portan la misma firma del literato nacido en Ibahernando, Cáceres, una semana después que servidor, pero está visto que no merece la pena prejuzgar, porque yerras, yerras, yerras y… puede que, de chiripa, por serendipia, aciertes alguna vez), arranca su no tan irónico palo de ciego, titulado “Vindicación de las élites”, así:

“PARA QUÉ MENTIR: soy un elitista de mierda (discrepo; Cercas es un elitista cojonudo; todos los elegidos por él son primeras figuras; puede que yo hubiera escogido, en lugar de a Velázquez, a Goya o a Van Gogh, pero solo por un detalle menor, que nacieron en la misma fecha que lo hice yo, un 30 de marzo, que es un motivo de escasa enjundia; y acaso hubiera intercambiado a Kant por su preferido Spinoza, pero no me parece ni errada ni mala su elección; que conste en acta). Cuando se trata de literatura, Cervantes; cuando se trata de cine, John Ford; cuando se trata de música, Bach; cuando se trata de pintura, Velázquez; cuando se trata de filosofía, Spinoza; cuando se trata de tenis, Rafa Nadal; y, cuando se trata de política, Nelson Mandela (y, como mínimo el 23 de febrero de 1981, a las 18.23, Adolfo Suárez)”. Está claro que, después de haber trascendido la denuncia que ha interpuesto una fémina, que era menor de edad cuando se produjeron los supuestos hechos, abusos sexuales, que habrá que probar, por supuesto, contra el expresidente Adolfo Suárez, su imagen se ha tambaleado dentro de la hornacina donde estaba ubicada. Ahora, aun habiendo fallecido el exmandatario, ella, tras padecer un luengo erebo o infierno, por las consecuencias indeseadas sufridas, ha podido delatar al autor de los presuntos abusos sexuales de los que fue objeto, Suárez. Y acaso ahora Cercas colocaría un signo final de interrogación tras el aserto que recoge su nombre y primer apellido, hasta ver en qué acababa la cosa, el caso ignorado por él y el resto, claro.

“En definitiva (sigue disertando así, en su primer parágrafo, Cercas), soy un entusiasta de los mejores: aquellos que han demostrado que los seres humanos somos capaces de (alcanzar o lograr) proezas (estoy completamente convencido de que todas las personas señaladas por el extremeño-catalán en su selecta lista son unos poetas en lo suyo y algunos, puede que todos, además, profetas; y de ahí las gestas de sus gestos que, al ser geniales, pero humanos, y, por ende, falibles, alguno de ellos pudo ser, no conviene descartarlo, indigesto) inauditas, que nos han enseñado de qué pasta estamos hechos y nos han ayudado a vivir más, de una manera más rica, más compleja y más intensa, aquellos que nos redimen o nos consuelan de nuestra mediocridad y nuestras limitaciones y nuestra negligencia y nos permiten aspirar a la mejor versión de nosotros mismos, que es lo máximo a lo que se puede aspirar”.

El autor de “Soldados de Salamina” sigue su tesis, en el inicio del segundo párrafo de su palo, de esta guisa: “Visto así, no sé qué hay de malo en ser elitista. El problema no son las élites, son las élites que no merecen serlo, las falsas élites. Contra estas sí que hay que pelear, y la herramienta más eficaz que hemos inventado hasta la fecha para hacerlo se llama democracia, que es otro nombre de la meritocracia”. Disiento; esa herramienta eficacísima fue, es y será la denuncia del “¡yo acuso…!” (“j’accuse…!”), la carta abierta que Emile Zola escribió al presidente de la República Francesa Félix Faure, a propósito del caso Dreyfus, publicada el 13 de enero de 1898 en L’Aurore (La Aurora).

Pensé que Cercas iba a seguir por donde convenía continuar, el ramal esperado, pero eligió otro derrotero. Fue libre de elegir y escogió. Sin embargo, le agradezco que me dejara el camino expedito para que yo continuara por la senda recién desbrozada por él.

Ciertamente, el problema no está, ni estriba, ni radica en que haya personas óptimas en este, ese o aquel campo del saber, el que sea; el busilis o intríngulis del asunto descansa en si acompaña a esos conocimientos o habilidades efectivas el comportamiento íntegro, ético y estético, de un señor (ora sea o se sienta ella, él o no binario) de los pies a la cabeza, que se esfuerza en llevar a término su labor, intentando dar en todo el proceso seguido buen ejemplo. Pues de poco (apenas nada) sirve el poder si lo precede, acompaña o sigue el abuso del mismo, de un desmán tras otro.

Como este escrito se va alargando y servidor es un seguidor a ultranza del adagio 105 del “Oráculo manual y arte de prudencia” de Baltasar Gracián, me cobijo otra vez bajo él y me limito a dar unas pinceladas de cómo explicaría el caso que tenemos entre manos.

Estoy persuadido de que Pedro Sánchez premió a quienes fueron sus fautores, a quienes le ayudaron a conquistar y recuperar de nuevo el poder dentro del PSOE. Puede que él viera virtudes en todos ellos y ningún defecto, pues está claro que no vio los últimos, ya que, si los hubiera nombrado a sabiendas de que los tenían y él los conocía, entonces, sí, su culpa in eligendo sería manifiesta, notoria y pública, la caraba. Como Sánchez, con otros muchos quehaceres, no podía supervisar cómo cumplían sus tareas los elegidos por él, quedó su trabajo a medias, pues no delegó ese menester en otras personas, y no las colocó al lado o detrás de ellos, para que él tuviera noticia de qué hacían o dejaban de hacer, su culpa in vigilando. Eso le hubiera permitido tomar medidas drásticas oportunamente y esas tropelías no se hubieran enquistado. No obstante, alguien le debió advertir de los comportamientos delictivos de José Luis Ábalos, quien defendió la moción de censura del PSOE en la tribuna del Congreso de los Diputados, que acabó con el Gobierno de Mariano Rajoy por corrupción (¡qué ironía, sí!). El problema es que lo que supo, y tal vez le dejaba a él en feo o mal lugar, se lo ocultó a la opinión pública y publicada, que hizo cábalas de todo ello. El pueblo tiene derecho a saber, a conocer qué ocurre dentro del Gobierno que ejerce el poder en su nombre. No es solo mayor de edad para votar. También lo es para conocer qué hace el presidente y por qué hace u omite, lo bueno y lo malo.

No siempre Maquiavelo es un excelente consejero o referente. Y la indecisión, si no deviene diuturna, no es siempre mejor que una mala decisión. Está claro que, desde “Hamlet”, de Shakespeare, ser o no ser es el problema. Hay que optar por una de las dos alternativas del dilema. Si uno se equivoca en la elección o selección, debe pedir perdón y dar explicaciones y apechugar con las consecuencias, haciendo lo que Pedro Sánchez nunca hizo, dimitir por sus culpas. Eso le hubiera dejado las puertas entornadas para poder volver. Hoy, según mi perspectiva, las tiene cerradas a cal y canto.

Nota bene

Y los extremeños se lo han dicho alto y claro.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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