HE IDO A DARLE UNA MUESTRA DE MI AFECTO
Y MI AMADA INTERNET SE HA SUBLIMADO
Aunque este texto lo había ideado para otro menester, he decidido sacarle el mayor y mejor partido y, por ende, usarlo para felicitar a mi querido primo Jesús Roberto, porque hoy, Nochebuena, es su cumpleaños (¡muchas felicidades!) y, aprovechándome de su generosidad, utilizarlo también como inesperada y extraña tarjeta navideña, para felicitar al amigo y/o deudo, lector habitual o esporádico de las urdiduras o “urdiblandas” de Otramotro, la presente Navidad.
Esta noche, de madrugada, tras despertarme, levantarme del lecho y salir al baño a hacer lo necesario, pipí y popó, he regresado a la cama y no he tardado ni un santiamén en volver a conciliar el sueño. Mientras me hallaba tumbado decúbito supino, durmiendo a pierna suelta, en los mullidos brazos de Hipnos o Morfeo, he soñado que los conferenciantes (ellas, ellos y no binarios) que habían acudido al simposio, del que yo era miembro del comité universitario que lo había organizado, hablaban tanto y tan bien de Internet y de la supuesta democratización del conocimiento que acarreaba consigo, que me he enamorado de ella de oídas, antes incluso de llegarla a conocer. Cuando me han dicho que pronto me la llevaría a los ojos, pues, a renglón seguido, me han enseñado una foto que le habían hecho recientemente, y, poco más tarde, que no tardaría en conocerla en persona, me han dado una alegría extra. He acudido a la estación del AVE para recibirla como se merecía. Y, cuando, a través de la puerta, he visto que, a diez o quince metros de distancia, se acercaba por el pasillo a la salida, he acudido a su encuentro con los brazos abiertos para darle un abrazo. Pero, cuando el gozo efímero se iba a hacer eterno, Internet se ha esfumado, ha desaparecido. Y, al instante, me he despertado.
He recurrido al repertorio o recopilatorio que llevo haciendo, desde hace más de una década y media, de la amplia y variopinta panoplia de sueños que he tenido y sus posibles (algunas ciertamente, además, plausibles) exégesis, para intentar interpretarlo. Puede que este episodio onírico tenga que ver con otro que tuve otrora, en el que el sueño continuó de este modo: me encontraba con la sensación de estar cautivo en una prisión de alta seguridad, de extrema vigilancia. Las celdas carecían de barrotes y de guardias, pero no se advertían grietas o rendijas por las que poder escaparse; ni siquiera había una señal que indicara la salida.
¿Dónde está la belleza de Internet? Hoy merienda de negros la reputo.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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