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«Si me vieran mis padres, se morirían…»

Ángel Sáez García 11 Feb 2026 - 14:00 CET
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“SI ME VIERAN MIS PADRES, SE MORIRÍAN

DEL (G-S)USTO”, ADUJO HUMILDE DON IGNACIO

Entre los allegados, amigos y deudos, que asistieron a la toma de posesión del provecto, mas nuevo, juez, había discrepancias entre si este dijo “gusto” o “susto”. Don Ignacio, aunque fue preguntado repetidas veces por mí al respecto, que, por cierto, cubrí la noticia de incógnito, sin haberme acreditado, no contribuyó a solucionar el dilema. Yo, en su caso, quizá hubiera optado por el mismo derrotero, dejando con la duda al personal. ¿Acaso hay una manera más barata de hacerse inolvidable?

He escrito en varias ocasiones (no me he parado a averiguar cuántas, ni me he propuesto la tarea de contarlas, menuda gilipollez; ¿qué hubiera conseguido con ello?; una fruslería o minucia, seguro) que una persona o semejante sin sueños que realizar, sin desafíos o retos que alcanzar, sin ilusiones que coronar es un congénere, si no muerto, premuerto (aunque me doy cuenta de que eso no es algo extraordinario, sino lo lógico y normal, pues todos somos seres mortales o enseres caducos, como el rosal quevedesco: “¿De qué sirve presumir, / rosal, de buen parecer, / si aun no acabas de nacer, / cuando empiezas a morir?”).

No he escuchado un elogio a la senectud consciente, libre de las garras o fauces del alzhéimer, que merezca más aplausos y, por ende, mejore el que le oí aducir a un inmigrante africano (que ya hablaba estupendamente el español cuando lo conocí): cada anciano que muere es una ruina; supone el cierre de otra biblioteca.

No sé si el atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, él o no binario) de estos renglones torcidos conoce el caso de don Ignacio José Félix Martín (aunque pueden funcionar también como nombres, los últimos dos son apellidos). Que ha logrado ser juez cuando está a punto de cumplir 65 primaveras.

Quien firma abajo estas líneas tuvo como compañera de estudios a Teresa, una maestra jubilada de Valencia, que, tras fallecer su marido, Manuel/Manolo, que fue docente también y fungió de director del colegio durante los últimos años de su profesión, se matriculó en Filología Hispánica, y se licenció el mismo año que yo, en la Universidad de Zaragoza, a los 78 años, si no se quitó alguno, que era muy presumida, pues una tarde de marzo, que mayeaba, en la terraza de una cafetería, dándole a la mui, mientras nos tomábamos ambos, sorbo a sorbo, una infusión, cada uno la suya, me confesó que no estaba dispuesta a renunciar a esa seña de identidad suya.

   Emilio González, “Metomentodo”

Bueno, pues, mi amigo y heterónimo “Metomentodo”, que, salvo en mi bitácora de Periodista Digital, el blog de Otramotro, no ha podido leer ninguno de sus escritos, ni siquiera una carta al director, en ningún periódico de tirada nacional, acaso vea publicado este texto en EL PAÍS (pues ahora se conmemoran los 50 años del primer número de dicha mancheta, el 4 de mayo de 1976) u otros diarios barceloneses, EL PERIÓDICO o LA VANGUARDIA, o matritenses, EL MUNDO, ABC, LA RAZÓN, con 63 tacos. Si ocurre el hecho, disfrutará un montón, tanto o más que don Ignacio. ¿Acaso Miguel de Cervantes no publicó la Segunda parte de su inmortal “Don Quijote” con 68 años?

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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