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Hallará el título en la «Nota Bene»

Ángel Sáez García 23 Feb 2026 - 14:00 CET
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HALLARÁ EL TÍTULO EN LA NOTA BENE

Como, querámoslo o no, en esta vida toda acción tiene su reacción, toda causa su consecuencia o efecto, hoy, lunes, 23 de febrero de 2026, un comité o delegación formada por cinco alumnos, de cuantas/os cursan el Segundo de Bachillerato de Letras en el Instituto “Juan de Mairena”, de Algaso, o sea, el correspondiente a nuestro COU, que estudiamos en el Colegio “Enrique de Ossó”, de la capital maña, durante el curso académico 1980-81, sí, el del golpe de Estado de Tejero o del 23-F, hace la friolera de cuarenta y cinco años, ¡inesperado aniversario!, ha acudido a la biblioteca pública “Yanguas y Miranda”, de Tudela, porque querían soltarse la lengua y decirme tres o cuatro cosas bien dichas. He escuchado atentamente en el vestíbulo del palacio del Marqués de Huarte, sede del archivo municipal y del citado centro del saber, antes de subir a la sala de adultos del primer piso, lo que el impertérrito Lucas, su portavoz, me ha espetado a la cara, que, stricto sensu, todo era una verdad irrebatible, irrefutable, que, cuando me hallo empuñando un bolígrafo BIC azul con los dedos pulgar, índice y corazón de mi diestra, si trenzo ficciones, ejerzo o funjo de bellaco o bribón, de falaz redomado.

El pasado miércoles 18 de los corrientes mes y año leyeron en la bitácora que gestiono en Periodista Digital, el blog de Otramotro, lo que la víspera había pasado a ordenador en una computadora de la mencionada biblioteca este menda, los dos folios y medio de que constaba la urdidura que rotulé “Todo un pibón era Sofía Argüello”.

Lucas me ha aducido que, espoleados por “Fina” Pérez, su profesora de las asignaturas de lengua y literatura, el mencionado miércoles se pusieron el disfraz del deductivo Sherlock Holmes, el fingido detective privado creado por Arthur Conan Doyle, y acudieron a la sede del Muy Ilustre y Muy Leal Ayuntamiento de Algaso para consultar allí el padrón municipal, pero, sorprendentemente, no hallaron en él los nombres y primeros apellidos de las personas nombradas por mí en la pieza literaria de marras. No estaban empadronados en la villa norteña ni Sofía Argüello; ni Lourdes Pinto, “la Comecocos”; ni Gabriel Lozano; ni Lorenzo Soria.

Según ha alegado Lucas, de mancomún, coligieron o infirieron lo distintivo, pertinente y relevante, que todo lo narrado por servidor en la susodicha urdidura era un embeleco o patraña; ya que, si las personas nombradas por este menda eran inventadas, es decir, no existían, tampoco acaecieron los hechos contados por mí en ella.

Cuando Lucas ha terminado de emitir por su mui cuanto había asimilado y llevada bien memorizado cual mero epígono de Ireneo Funes, el memorable y memorioso personaje literario que salió del prolífico magín del hacedor argentino Jorge Luis Borges, le he preguntado si había acabado su discurso; cuando ha asentido, les he dicho que habían llevado a cabo un excelente trabajo de investigación, pero que, lamentablemente, tras acopiar todas esas averiguaciones, la ímproba tarea realizada había sido baldía, inútil, porque, aunque ellos lo ignoraban, los cinco miembros presentes del comité no eran más que un producto que había elaborado por su propia cuenta y riesgo mi inconsciente, ya que ellos, involuntariamente, formaban parte de un sueño que él estaba proyectando en ese preciso instante sobre la impoluta pantalla blanca de mi mente; y, así las cosas, en cualquier momento me despertaría, y todo el episodio onírico que hasta entonces había sucedido se interrumpiría de forma abrupta, y el resto se iría al garete; porque nada de cuanto había acontecido en él era verdad de la buena, fetén.

Y lo que yo había pronosticado, sin haber obtenido aún el grado de augur, porque tal carrera no existía en la vida real, mientras me hallaba descansando, durmiendo plácidamente, a pierna suelta, en los mullidos brazos de Hipnos o de su hijo Morfeo, acaeció, que desperté, abrí los ojos y me puse a escribir en las habituales medias cuartillas amarillas lo soñado para que no se me olvidara ningún detalle precipuo o principal y, así, mis atentos y desocupados lectores tuvieran hoy algo que llevarse a sus ojos.

Nota bene

Como lo prometido es deuda, procedo ahora a satisfacerla íntegramente. Ahí va el título y el subtítulo del texto: “¿Quién dice que en Algaso hay instituto? Sus alumnos sagaces me he inventado”.

Olvidábaseme de decir que no conviene echar en saco roto la quintaesencia que contiene el adagio 174 del “Oráculo manual y arte de prudencia”, de Baltasar Gracián: “Aun en el querer saber ha de haber modo para no saber las cosas mal sabidas”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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