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Una exageración es manifiesta

Ángel Sáez García 30 Abr 2026 - 14:00 CET
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UNA EXAGERACIÓN ES MANIFIESTA

Que de excesiva peca toda hipérbole ningún cuerdo (ora sea o se sienta ella, él o no binario) ese aserto pone en duda. No obstante, qué bien viene que exageren tu habilidad o don quienes te quieren para que suba varios enteros tu confianza (ajena, en los otros, y propia, en ti mismo) y cotización. Aprecias en su justo punto el gesto, y llegas a pronosticar, aun sin ser adivino o augur, que puede devenir incluso en gesta.

El miércoles 22 de abril me subió y bajó del Hospital “Reina Sofía” (HRS), de Tudela, con su coche mi hermano “Use” (no he olvidado que el lunes 13 del mismo mes hizo lo propio otro hermano, “el Chato”, ergo, a ambos les doy, por sus sendas acciones generosas, las preceptivas gracias). Nada más subir al auto, me entregó y abrí el regalo que, por mi cumple, me había hecho (así lo adujo “Use”) su esposa, mi cuñada María José: una libreta, unos bolígrafos, material y herramientas de quien escribe sus urdiduras y “urdiblandas” a mano (al día siguiente —si es fin de semana, el lunes—, por la mañana, paso a ordenador los textos resultantes en una computadora de la biblioteca tudelana “Yanguas y Miranda”, que Pilar, Teresa y Estíbaliz gestionan de manera competente); y, además, oh, sorpresa, una taza para el desayuno (yo, al menos, la voy a usar para dicho menester, a fin de darme ánimos desde el amanecer o el rayar matutino, con ocasión de la primera ingesta del día —no faltará en ninguna reunión social a la que asistas, normalmente o como invitado, quien sostenga y defienda, a capa y espada, la tesis de que se trata de la más importante de la jornada—). ¿Que por qué?, acaso se pregunte el atento y desocupado lector de estos renglones torcidos. Le resuelvo la adivinanza o el enigma en un santiamén, porque en su exterior cabe leer, estampada en letras versales, esta leyenda, que lo es, sin ninguna hesitación: “EL MEJOR ESCRITOR DEL MUNDO ÁNGEL”, a la que, si intercalamos, entre la voz mundo y mi gracia de pila, el verbo copulativo ES, así, en mayúsculas, resulta un endecasílabo melódico perfecto: “EL MEJOR ESCRITOR DEL MUNDO ES ÁNGEL”.

¿Qué lector, que sea a su vez autor, no recibe un chute de droga blanda y buena en vena, nada más llevarse a los ojos ese mensaje que contiene su nombre? Uno, servidor, es consciente de que ese aserto carece de certeza, pero puede hacer las veces de acicate imprescindible o aliciente necesario para que nazcan en uno las ganas inexcusables de aspirar a hollar un día ese ochomil. Puede que tú no te lo creas, porque tienes por costumbre pisar con las suelas de los zapatos que calzas el suelo, pero quizás lo hagan los demás. Tú a lo tuyo, en pos de tus desafíos o retos. A ver si consigues hacer realidad, si no todos, alguno de tus sueños.

Robert Prevost, el actual papa León XIV, suele citar una frase de San Agustín de Hipona, que cabe leer en el párrafo octavo y último de su sermón 80, esta: “Vivamos bien y los tiempos serán buenos. Nosotros somos los tiempos”. Bueno, pues, nada más leer la frase que acarrea la taza de marras, he pensado en buscarle pareja de baile que esté a la altura de la de San Agustín. Y, más que optar, se me ha impuesto esta: Creamos que es posible lo imposible y tal vez seamos dichosos y hagamos felices a los demás. Nosotros somos quienes insuflamos los corazones humanos. Hagamos de cada uno de ellos una gran plaza o el campo de fútbol del equipo de sus entretelas.

Nota bene

¿El ateo empieza a dar muestras de deísta? No lo sé, pero me consta que hay verdades en los cuatro evangelios canónicos que mueren cada día, y al día siguiente, no a los tres, renacen de sus propias cenizas, como el ave fénix.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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