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Para descalzar no sirvo a Unamuno

Ángel Sáez García 04 Jul 2026 - 14:00 CET
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PARA DESCALZAR NO SIRVO A UNAMUNO

Y TODAVÍA MENOS A CERVANTES

—Buenos días, Otramotro.

—Buenos son, sin duda, Gervasio. Te doy las gracias por haber llegado puntual a la hora pactada.

—¿Te imaginas que ambos fuéramos gais y esta fuera nuestra primera y deseada cita? Salvo causa de fuerza mayor, si hubiera acudido a la misma con retraso, seguramente, te defraudaría. Y el mismo argumento me sirve para la circunstancia o situación inversa, claro; aquí no hago distingos.

—Coincido en la razón que acabas de alegar. Veo que no traes paraguas. ¿Te has acordado de coger, al menos, chubasquero o impermeable?

—Lo llevo, bien plegado, en el bolsillo posterior derecho del pantalón vaquero (o, como ahora se le llama, bluyín); apenas me ocupa lugar.

—Eso se predicaba o aireaba antes del conocimiento o saber, que no ocupaba lugar, pero ocupa. Ciertamente, ignoro cuánto, pero no que no ocupa, aunque desconozca cuánto.

—Si das el primer paso, te sigo.

—¿Sabes qué dejó dicho y escrito en letras de molde, entre otro montón de cosas, por supuesto, Albert Einstein?

—¿Qué?

—Algo, una frase suya, que me peta (agrada) repetir: “No camines delante de mí; puede que no te siga. No camines detrás de mí; puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo”.

—Pues abundo con y sigo a Camus; pero prefiero ir ahora a tu vera y ritmo.

—Yo estoy acostumbrado al mío, pero no quiero que llegues a la ermita de san Quirico con la lengua fuera. Debemos pactar la frecuencia de pasos que nos vaya o venga bien a ambos; será la adecuada.

—Sé que escribes casi todas las jornadas del año; y que dices que vienes a Rosales cuando te estancas o secas, pero sé que es más una pose tuya que una verdad de la buena.

—Así es: tengo una bitácora o tribuna personal en Periodista Digital, el blog de Otramotro, desde febrero de 2006. Y ya he publicado en ella la friolera de más de ocho mil textos (entre prosa y verso).

—Sé que la razón de Otramotro está en Miguel de Unamuno. ¿Tanto te gusta o han influido en ti y en tu creación literaria las obras del proverbial rector salmantino?

—Tanto, por ambas razones o vertientes. Ayer me llamaste Cervantes, y tú te trataste de Sancho Panza. Yo no sirvo ni valgo para descalzar a ninguno de los dos, excelsos autores, magníficos.

—Me encanta que la gente se muestra humilde. Solo se vanaglorian de lo mucho que saben (y lo aún más que desconocen) los ignorantes.

—Que tú, Gervasio, y yo lo hemos sido, somos y seremos, como en plurales ocasiones hemos evidenciado. La gente inteligente demuestra que lo es cuando reconoce sus meteduras de pata o gamba y les saca partido, provecho.

—Lo mejor que tiene errar es que uno puede aprender del yerro cometido y poner los medios para no volver a incurrir en él (aunque eso haya sucedido poco, en contadas oportunidades).

—“El hombre que comete un error y no lo corrige comete otro mayor”, es célebre apotegma que la tradición adjudica al filósofo chino Confucio.

—“Errare humanum est, sed perseverare diabolicum” dice una famosa locución latina.

—Creo que tú eres más de derechas que de izquierdas, y yo, al contrario. Ahora bien, debo decirte que nunca me he apartado de nadie por tener ideas opuestas a las mías. Me gustan los amigos con los que se puede discutir de todos los temas; me chifla o flipa que en los debates que mantengo con ellos salgan a relucir los diferentes puntos de vista de cada quien, enfrentar posiciones no es malo, llevar la contraria jamás fue perjudicial para la salud, salvo que la prescripción viniera de un doctor en Medicina (ella, él o no binario), claro.

—¿Tiene muchos amigos?

—Depende de lo que entendamos cada quien por amigo; yo suelo aducir que los míos, los verdaderos, se pueden contar con los dedos de una mano; sin embargo, algunos amigos de mis amigos también pasan a serlo míos en el mismo instante en que nos juntamos para almorzar, comer o lo que sea, pasear o cañear (ahora me tomo las birras sin alcohol, tostadas).

—El compañero suele devenir en amigo; así que yo puede que con el hábito lo sea tuyo, y viceversa.

—Entre los amigos suele colarse de rondón mucho Andrés. Así llamo a los que obran por evidente interés.

Y, dando pasos y a la mui, hemos llegado a la ermita de san Quirico. Ahora queda la vuelta.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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