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Procurando cazar un pensamiento

Ángel Sáez García 06 Jul 2026 - 14:00 CET
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PROCURANDO CAZAR UN PENSAMIENTO

DECÚBITO SUPINO Y CASI A OSCURAS

Si no recuerdo mal, que eso es posible (cada día que pasa lo constato; que peor rememoro lo vivido, de una manera más deslavazada, con menos nitidez y más rendijas; tiene que ser por culpa de la edad y el deterioro que acarrea o porta), fue en la urdidura “Estado de novela”, que firmó quien se llama José Luis y se apellida así, Alegre Cudós, donde pasé mi vista y subrayé los dos renglones, dos, que continúan: “la metáfora es un medio de incomunicación al servicio de la sugestión del poder”, idea de Héctor Álvarez Murena.

Hoy, tumbado decúbito supino, mientras miraba el techo de mi cuarto, la habitación estando casi a oscuras, sin conseguir mi ansiada pretensión, el sueño conciliar, durante un rato de siesta, diez minutos, más o menos, me han brotado las ganas de idear un texto en prosa donde demostrara, de una forma ejemplar, sin duda alguna, cuanto Álvarez Murena había escrito y luego yo leído y subrayado en la mentada, “Estado de novela”. Y he urdido en la pizarra imaginada, recién borrada, de mi fiel cacumen esto, con indeleble tiza blanca:

“Ha claudicado Carlos ante Irene. Las cláusulas del contrato de matrimonio que han firmado los contrayentes son un triunfo para la churri y una derrota ¿humillante? para el novio. El amor no es gozar viendo cómo asciende la columna de humo que genera ni qué altura alcanzan sus llamas, sino un ejercicio de caza mayor por otros medios. Y, como acaba de probar, de manera fehaciente, Irene, denota vencer mudar el modo de coronar el apresamiento con el que solía proceder su contrario u oponente, para obligarle a tirar la toalla, pronunciando el ultrajante ‘me rindo’”.

He visto en Carlos a un mal cazador; parece haber perdido su halcón, como Calisto (al principio de “La Celestina”, de Fernando de Rojas) o extraviado su rehala, como Acteón.

Para el lector que desconozca el mito griego de Acteón, se lo acerco en este breve prontuario. Acteón, habiendo salido de caza con sus canes, sorprendió a Artemisa, desnuda, en el baño; la diosa, enojada, castigó tamaña torpeza metamorfoseando al imprudente cazador en ciervo, que fue devorado por sus propios perros, que no reconocieron a su amo.

Acabo de leer cuanto había escrito en voz alta en la cocina de mi casa y la nueva vecina, que me ha escuchado atentamente, me ha tomado el pelo al comentarme esto: “Pues yo pensaba, vecino, que estabas refiriéndote a la guerra que libran, prenden y encarcelan EE.UU. e Irán, a la que encajan perfectamente, asimismo, tus palabras”.

Y me ha dado por reflexionar, y he concluido que no iba tan desencaminada mi vecina nueva.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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