DOS TAZONES DE ANTONIO FRAGUAS, “FORGES”
De entre la vajilla que tuve que retirar (llena el conjunto dos baldes que usaba, entre otros menesteres, para recoger la ropa, una vez terminado el ciclo programado de la lavadora) del mueble de la cocina, por culpa de una fuga de agua, que ya se arregló (ahora hace falta que venga el albañil a tapar el agujero que originaron los fontaneros), hay dos tazones de loza que tienen estampados en el exterior sendos dibujos originales de Forges.
En el primero, presidido por la luna, se ve el mundo al revés, esto es, lo inesperado o insospechado, a una señora sentada en un sillón, empuñando el mando de la tele. Detrás de ella, se halla su esposo, que acaba de ponerse el delantal, hacerle una lazada al mismo y, con buenas intención y voluntad, le dice a su esposa: “HOY HAGO YO LA CENA. ¿DÓNDE ESTÁ LA COCINA?”. Del mentado bocadillo sin sentido se colige que, si desconoce dónde está la cocina (reconociendo su machismo manifiesto; puede que algún día llegara a poner los platos y los cubiertos encima de la mesa porque hubo invitados a la misma), ¿qué se espera que pueda hacer para cenar el inexperto buen hombre? Nada.
En el segundo, presidido por el sol, la señora le avisa al marido: “MARIANO; SON LAS 7”. A lo que le replica el esposo, que se halla todavía en la cama: “QUE PASEN”. Humor absurdo, sin duda, porque el marido está descansando aún en los mullidos brazos de Hipnos o Morfeo, más dormido que despierto.
Los dos tazones de marras fueron obsequio del diario EL PAÍS, y los guardo como oro en paño, como se deben cuidar y custodiar los amigos verdaderos, los del alma.
La vida es una trenza, ora dulce, ora amarga, hecha de casualidades y de su anagrama, causalidades. Puede parecer mentira, pero es una realidad incontrovertible, una verdad incuestionable. Forges se apellidaba Fraguas, de primero, y de Pablo, de segundo. ¿Puede creer el atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, él o no binario) de estos renglones torcidos que los primeros apellidos de dos de mis mejores amigos, Pío y Luis, son, precisamente, Fraguas y de Pablo?
En A Fonsagrada (la fuente sagrada), municipio lucense del que provenía su progenitor y tocayo, bebió el genio su arte. Y allí, de bien nacido es ser agradecido (como antes Forges demostró su generosidad con la patria chica de su padre), se ha abierto el primer museo de España en honor al viñetista madrileño.
Se podrán hallar un montón o un sinfín de concomitancias o paralelismos con otros humoristas (de todo tipo), pero el abajo firmante ha encontrado similitudes innumerables entre el humor absurdo de Forges y el del director de cine José Luis Cuerda, sobre todo, con su película “Amanece, que no es poco” (1988). Si a Cuerda no te olvidas de darle cuerda, el albaceteño deriva o deviene en Forges; y, viceversa, si a Fraguas le dejas entrar en la forja, el susodicho se metamorfosea en Cuerda, que es capaz de saltar la cuerda y, junto con Forges, asaltar la fragua, aunque sea la primera vez que eso se haga, porque, salvo error u omisión, no constan antecedentes en los anales consultados de que eso se hiciera jamás de los jamases.
Ojalá a nadie le moleste la boutade u ocurrencia que le ha brotado a servidor.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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