¿DETRÁS DE SEBASTIÁN SE OCULTA LÁZARO?
Hoy me ha escrito Sebastián S. (me temo que se trata de alguien conocido, Lázaro Lázaro, esto es, que se halla el ídem tras ese otro alias o apodo, o un amigo íntimo del citado sujeto; acaso sea un alter ego o trasunto suyo) y en su correo me cuenta lo que sigue:
“Le aventuro mi tesis sobre usted y su literatura, Otramotro. Ya me dirá, si tiene tiempo, si cuanto he barruntado o sospechado tiene base real, es cierto, o estoy completamente equivocado. Tanto las personas como los municipios que menciona en sus textos son seres y espacios inventados por usted, ficticios. Unas y otros son sendas prolongaciones de su personalidad fecunda y de su realidad o universo prolífico, en constante expansión, como el mismo cosmos. Usted ha dejado escrito algo parecido en sus urdiduras o ‘urdiblandas’; por ejemplo, de Rosales, donde dice recargar las pilas y oxigenar sus pulmones, afirma que es un lugar cuántico, porque existe y no existe (usted quiere dar a entender que se llama de otro modo, pero yo intuyo —sin poderlo probar— que tampoco existe —bueno, lo hace, pero solo en su mente fértil y, por mera delegación, en la de los lectores que han pasado su atenta vista por esas creaciones—), como el gato de Schrödinger.
“Algaso es un territorio fabulado por usted; es una cara o, mejor, una careta o máscara del icosaedro que se considera usted. Es ‘algo de as’, iniciales de su nombre y primer apellido, que lo incluye: alg-as-o. Como he llegado a desentrañar cómo elabora su intelecto, ahora no sabría decir, a ciencia cierta, si esa deducción se la he leído a usted, o la he elaborado por mi propia cuenta y riesgo, siguiendo los pasos de su manera de hacer y usted hubiera concluido o rematado. Por ende, cabe colegir que Algaso tiene mucho de la ciudad que conoce, donde vive, pero no quiere hacer tan evidente; así que Algaso es también la reunión o fusión de varias localidades, aunque tenga más de Tudela (Navarra), su patria chica, que de otras, Alfaro (La Rioja), verbigracia. Y es, asimismo, Navarrete, con un convento que recuerda y tiene mucho que ver con el seminario menor donde estudió usted tres años, los últimos de la ‘extinta Educación General Básica, EGB’.
“No conviene olvidar que en el cenobio algasiano reside uno de sus personajes más inolvidables, fray Ejemplo, al que le puso el nombre de su piadoso progenitor, Eusebio, y los apellidos de dos de los docentes, Arteaga y Piérola, que le impartieron clase en el mencionado colegio camiliano, tantas veces mencionado por usted. Su guía y mentor es un pozo inagotable de razones ejemplares, tan insuperable que, a pesar de cuanto dejó escrito en letras de molde Friedrich Nietzsche en la introducción a su obra ‘Ecce homo’ (1888), que “recompensa mal a su maestro quien quiere seguir siendo siempre su discípulo”, a usted le cuesta admitir que algún día pueda dejar rezagado a su amado fray Ejemplo, inmejorable, en cualesquiera aspectos que se planteen y quieran cotejar entre ustedes.
“En el texto que usted tituló ‘En Rosales, refugio de Otramotro’, reconoce que usted decidió llamarlo así para mantener la localidad real en el anonimato, como lo propio había hecho Cervantes con la patria chica de don Quijote de la Mancha, pero me temo que eso no deja de ser otra añagaza o subterfugio que usted sacó de su caja de herramientas. Como esa patraña de que optó por bautizarlo así por los exuberantes y fragantes rosales que cultiva Lourdes, vecina suya, en su jardín, otra mentira de su falaz magín; tan apócrifa como la hermana, de ella, que es sor, monja, Ángela, que es sosias del casi novicio al que usted aspiró a ser y, por írsele los ojos detrás de las zonas desnudas, sin ropa, de las anatomías de sus compañeras de estudios en el colegio ‘Enrique de Ossó’, las teresianas, donde cursó el COU, dicha pretensión quedó reducida a agua de borrajas o cerrajas, nada.
“¿Algunas de mis flechas se han clavado en el blanco o el centro de la diana?”.
Le he contestado así, sucintamente:
Ignoro si eres ángel bueno, enviado por Dios, o malo, por Satán mandado, porque un pleno has logrado con tus dardos. Permíteme que te haga una pregunta: ¿Detrás de Sebastián se oculta Lázaro?
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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