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Otramotro no miente tanto en su arte

Ángel Sáez García 21 Sep 2026 - 14:00 CET
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OTRAMOTRO NO MIENTE TANTO EN SU ARTE

“Tras darle al asunto varias vueltas, me he decidido, Ángel, a contarle una anécdota, porque juzgo que va a salir usted de ella bien parado. Si se decanta por publicarla en su blog, sé que algunos de sus lectores (ellas, ellos o no binarios, sí, como hubiera escrito entre paréntesis usted) motejarán a Delia de cotilla y otros alabarán nuestra curiosidad, la del matrimonio que formamos mi esposa, la susodicha, profesora de matemáticas, y servidor, Desiderio (como así se llama mi padre y así se llamó también mi abuelo paterno), profesor de latín. Nihil novum sub sole, no hay nada nuevo bajo el sol. Del fracaso que se desprende de los datos que han trascendido del último informe PISA, debo comentar esto, que todos los que intervenimos en el ámbito de la enseñanza-aprendizaje somos responsables; nosotros, los profesores, también.

“Ayer, en nuestro silencioso coche eléctrico, vinimos desde Sevilla, donde vivimos, a Toledo, porque mañana sábado se casa nuestra sobrina, Flora, con Paco, su novio de toda la vida, originario de Orgaz, en la Ciudad Imperial. Hoy hemos aprovechado la mañana para visitar algunos de los monumentos más importantes de los numerosos que hay en la capital. Y en la Iglesia del Salvador, el primero visitado, hemos comprado, por 14 euros, la pulsera que nos permitirá el acceso a este y a los seis restantes, que forman el cupo, que nos dio tiempo a acudir a todos ellos por la tarde.

“Cuando acababa nuestra visita al cuarto, el Monasterio de San Juan de los Reyes, Delia me ha dicho que quería comprobar una cosa. Deseaba cerciorarse de si era verdad inobjetable algo que habíamos leído en el blog de Otramotro, sí, el suyo. En él, usted escribió, en el texto que rotuló ‘Si en Granada es posible lo imposible’ (y subtituló ‘En Toledo jamás el arte te harta’) el siguiente párrafo:

En la nota que redacté en el libro de visitas del monasterio de San Juan de los Reyes, que se concibió como lugar de enterramiento de los Reyes Católicos, pero lo están en la cripta de la Capilla Real de la catedral de Granada, antes de colocar mi firma, escribí, poco más o menos, esto: He de reconocer que eran muchas las expectativas que había agavillado, pero, en mi segundo día en Toledo, he constatado que al arte le sigue el arte y no hay hartazgo, no hallo empacho.

“Cuando Delia lo ha hallado, me ha hecho un gesto para que me acercara y yo también evidenciara lo cierto, que usted, Otramotro, había redactado, poco más o menos, las líneas que vertió en dicho párrafo: ‘Eran muchas las expectativas que había juntado, pero, en mi segundo día en Toledo, he constatado que al arte le sigue el arte y no hay hartazgo’. Y, para que no quedara ninguna duda al respecto, ambos hemos hecho sendas fotos con nuestros respectivos móviles.

“He de reconocer que el hecho nos ha dejado a los dos satisfechos. ¿Por qué? Los dos habíamos defendido, entre nuestros colegas, la tesis de que lo trenzado por usted (cuya firma aparecía escrita en mayúsculas, y al lado, su nombre y apellidos, que no eran tan legibles) tenía todas las trazas o visos de ser fetén. Y el dato demostraba, de modo indubitable, que usted no miente tanto como algunos profesores, docentes del mismo instituto donde impartimos clase, creen, a pies juntillas, que es un mendaz redomado. Algo que, por cierto, usted, Ángel Sáez, ha admitido en sus propios textos. Otro tanto ocurre con su principal fuente de inspiración, que es la realidad, que luego usted se encarga de metamorfosear a su antojo.

“Durante el almuerzo, Delia y yo estábamos eufóricos y ufanos. El hallazgo nos había otorgado alas, a las que quitamos el envoltorio de plástico y papel que las recubría y las estrenamos en ese mismo momento, y comprobamos que estábamos suspendidos en el aire, sin necesidad de batirlas. Y es que no hay nada que te procure tanto placer intelectual, acompañado o no de levitación, como que los demás colegas se vean abocados u obligados a darte la razón. Ambos estábamos en posesión de la verdad. Y lo visto por nuestros ojos y fotografiado por nuestros móviles inteligentes era un argumento irrefutable, que desmontaba los prejuicios del grueso de nuestros compañeros, sobre todo, de los de lengua y literatura. Que todo hacedor inventa hechos es moneda común, pero también que puede llegar a ser fiel, fidelísimo, en la crónica veraz de sus vivencias (como lo fue el viaje que usted hizo este estío a Toledo en compañía de su amigo Luis; suponemos que se refería a De Pablo, que es filólogo y soltero, como usted)”.

Como ya conoce el atento y desocupado lector de mis urdiduras (o “urdiblandas”) mi adicción y pasión por la brevedad que defendía Baltasar Gracián: Amén.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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