LA RIMA EN LA TARIMA ME DA GRIMA
Hoy he recibido este original email, que desborda (por donde lo cojas y leas) merecimientos varios para ver la luz en mi blog. Helo aquí, abajo:
“Admirado Ángel:
“Confío, deseo y espero que publique este correo, que le he redactado y mandado, en su bitácora, debido al ejercicio notorio de ironía que he tenido la poca vergüenza de verter en él.
“Me molesta sobremanera el estilo que tiene usted, tan característico, Otramotro. Abomino de esa manera suya de desdoblarse, literariamente hablando. Si odio su versatilidad es porque genera en mí (no sé si también en los demás, unos ominosos palmeros o unos turiferarios) la sensación de estar ante un camaleón, un ser tan proteico como el mismísimo Zeus, el padre del panteón griego.
“Desde que Zósimo, el profesor de literatura que tuve en Segundo de Bachillerato, nos hizo leer, durante dos semanas seguidas, todo lo que salía de la tinta de su bolígrafo azul (y luego pasaba a ordenador en una computadora de la biblioteca de su natal Tudela), usted me produce alipori, sí, vergüenza ajena. Y le tengo una tirria, que no lo puedo ver ni en foto.
“A mí me parece mal, peor, asunto pésimo, que usted sea un autor prolífico, y que lleve dos décadas sin dejar (quizá de escribir, sí, pero no de publicar) de acudir un solo día a la cita con sus lectores asiduos. ¿A qué viene esa locura de ser fecundo, fértil? Usted tiene la manía de citar el extenso epistolario de Gustave Flaubert, cuando lo que dejó escrito, negro sobre blanco, el magnífico autor galo le beneficia. Bueno, pues yo voy a extractar aquí frases suyas que lo contradicen; por ejemplo: ‘Leer, meditar mucho, pensar siempre en el estilo y escribir lo menos posible (que destaco en negrita para que se le quede grabado, Otramotro, en su cacumen, como acostumbra llamar usted a su cerebro), únicamente para calmar la irritación de la idea que exige tomar forma y que se vuelve a nosotros hasta que hemos encontrado la exacta, precisa y adecuada a sí misma. Observa que se llega a hacer bellas cosas a costa de paciencia y de un prolongado esfuerzo’.
“Su capacidad para mudar de máscara (ese travestismo literario al modo Mortadelo), una de sus estrategias o herramientas favoritas, yo, sinceramente, la detesto. Su seudónimo predilecto y preferido, Otramotro, parece contener la clave, la manera de ser otro, que tanto me disgusta.
“Los cambios raudos de su registro idiomático, que en otros hacedores los pondero y valoro, en su caso, me enfadan. Y hacen que le tenga ojeriza, y sienta por usted animadversión. Cuando en un mismo texto, un poema, un soneto, adopta las voces de un cómico, un juez, un vate delicado (y no me refiero a un poeta enfermizo, sino sutil) y un ciudadano indignado, usted, velis nolis, me solivianta, queme o no queme el sol, corte o no corte el viento.
“Ese juego de espejos que desarrolla y derrocha usted, donde se disfraza, mediante el uso de la palabra, al objeto de interpretar varios personajes ficticios, como hace maese Pedro con su retablo de Melisendra, que a usted parece fliparle tanto, en la Segunda parte del “Quijote” cervantino, a mí me da asco.
“La fusión que usted hace de lo clásico y lo moderno, que otros comentaristas le destacan, yo me veo en la obligación de afeárselo, porque me provoca bascas, náuseas.
“No lamento haberle dicho/escrito las verdades del barquero, que la mayoría de sus jaleadores callan u ocultan.
“Me niego a firmar como el grueso, ‘comunicante anónimo’, y rubrico este varapalo o revés como me da la real gana, ‘anónimo ejercitante de ironía’, pues no soy ni fan ni esclavo suyo, sino su más declarado enemigo”.
Como acaso sea el precedente el mayor de los elogios que me han hecho, gracias, ‘anónimo ejercitante de ironía’, muchas gracias.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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