ESCRITO EN LA PIZARRA DE MI MENTE
CON TINTA QUE LOS OTROS NO PERCIBEN,
ANTES DE SERLO AZUL SOBRE AMARILLO
Ayer, viernes, antes de que sonara el timbre, signo inequívoco de que ese sonido ponía fin a la segunda hora de Creación y Crítica Literaria/s, Joaquín, el profesor, quien suele firmar las dedicatorias de sus libros, de cuatro proverbiales palabras, “Gracias, por la elección” (se rumorea, entre el variado personal universitario, lo que la mayoría considera y/o juzga una leyenda, que, en cierta ocasión, queriendo o sin querer, pues no se descarta la posibilidad de que el subconsciente le jugara una mala pasada, y esta le llevara a cometer el craso error, a una exnovia suya le escribió “Gracias, por la erección” —existe una variante más verosímil, de cinco: “gracias por las erecciones pasadas—), con cinco letras versales, QUINO, su hipocorístico, como lo propio había hecho antes un tocayo suyo, Lavado, el creador de Mafalda, nos dijo que confiaba, deseaba y esperaba que el lunes, durante la segunda media hora de la primera lectiva, todos, incluido él, por supuesto, de casta le viene al galgo ser rabilargo, o sea, única forma conocida humana de dar buen ejemplo, leyéramos el microrrelato que hubiéramos escrito durante el finde, que debería versar sobre uno de estos dos asuntos: la lectura o la memoria.
Hoy, sábado, una vez he acabado de barrer y fregar el baño y la cocina, pasar la mopa por el resto del suelo del piso y quitar algo de polvo, no todo el existente, porque eso sería un quehacer meramente imposible, me temo, con la bayeta y el plumero, me he puesto a redactar con la inestimable ayuda de mis útiles habituales, el BIC azul y las medias cuartillas amarillas, las mismas o parecidas líneas que había escrito antes, mientras estaba despierto y tumbado decúbito supino en la cama (no holgazaneando, sino creando), en la pizarra de mi mente, estas, que tienen que ver más con una fusión que con una confusión de los dos temas propuestos por QUINO, o sea, que he optado por la conjunción copulativa “y”, y desechado o rechazado la adversativa “o”.
Quien haya leído “El Canto de Ulises”, capítulo 11 de “Si esto es un hombre”, obra de Primo Levi, seguramente, velis nolis, o sin querer queriendo, como solía decir cada dos por tres “el Chavo del Ocho/8”, se apropió (o vio reflejado en el espejo) de Jean Samuel, el joven alsaciano, estudiante de farmacia, el Pikolo, compañero del campo de concentración y exterminio polaco de Auschwitz-Monowitz, al que Levi intentó enseñarle italiano, y quien se aprendió, a fuerza de escuchárselo repetir cada noche a Primo, de memoria, mientras transportaban la marmita de la sopa, los versos 118, 119 y 120 del canto XXVI del Infierno de la “Divina Comedia”, de Dante Alighieri: “Considerate la vostra semenza: / fatti non foste a viver come bruti, / ma per seguir virtute e canoscenza” (Considerad vuestra simiente: / hechos no fuisteis para vivir como brutos, / sino para perseguir virtud y conocimiento). Durante ese momento de rehumanización en medio de la deshumanización constante, Levi se sentía un hombre y no un número, el del prisionero 174517.
Como puede que antaño, otrora, hubiera habido más de un lector, bien ella, bien él, bien no binario, que no sintiera la urgente necesidad de aprendérselos sin falta, u olvidara los tres versos dantescos de marras a las primeras de cambio, me complace aducirle aquí este aserto: he venido al planeta azul, la Tierra, con varios objetivos, entre ellos, este fin, recordarle que tiene que lograr hacerlos suyos y, además, esforzarse en que lo asimilen diez congéneres más, si no quiere acabar en el infierno, como hizo Ulises, en el octavo círculo o la octava fosa, ardiendo eternamente en llama doble.
Ángel Sáez García