Estados Unidos volvió al centro del tablero mundial con un golpe de efecto que resuena desde Caracas hasta La Habana. Donald Trump, envalentonado tras la captura de Nicolás Maduro el pasado fin de semana, ha activado una ofensiva política y económica de alto voltaje: Cuba ya no recibirá ni una gota de petróleo ni un centavo de Venezuela, país que durante dos décadas mantuvo buena parte del aparato energético de la isla.
“Les invito vehementemente a llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde… ¡Cero petróleo, cero dinero!”, publicó Trump en su red social, Truth Social, en un mensaje que desató una tormenta diplomática inmediata. El inquilino de la Casa Blanca recordó que durante años “Cuba vivió de los generosos envíos del chavismo”, mientras a cambio enviaba “agentes de seguridad y operativos” que blindaron los regímenes de Hugo Chávez y Maduro frente a cualquier intento de insurrección.
Pero el tono del magnate no se quedó ahí. En un mensaje que se sorprendió por su crudeza, Trump aseguró que “la mayoría de esos cubanos” utilizados por Caracas “han muerto tras el ataque estadounidense de la semana pasada”.
“Venezuela ya no necesita a los matones y chantajistas que durante años la mantuvieron secuestrada”, remató el presidente más mediático de la historia reciente.
Desde La Habana, Miguel Díaz-Canel no tardó en responder con un discurso vibrante, cargado de orgullo nacionalista. “Quienes convierten todo en negocios, incluso las vidas humanas, no tienen moral para señalar a Cuba en nada”, proclamó el mandatario cubano en una comparecencia transmitida por la televisión estatal.
Acusó directamente a Washington de aplicar “medidas draconianas de asfixia extrema” durante más de seis décadas, convertidas ahora en una amenaza abierta de estrangulamiento total. «Cuba es una nación libre, independiente y soberana —replicó Díaz-Canel—. No agrede, es agredida. Y está dispuesta a defender la Patria hasta la última gota de sangre».
El choque entre Washington y La Habana, reavivado tras la caída del régimen de Maduro, marca un nuevo capítulo de tensión hemisférica. Mientras los analistas calculan el impacto inmediato sobre la economía cubana, otros advierten que este pulso podría ser el preludio de un reordenamiento geopolítico sin precedentes en el Caribe , con China y Rusia observando desde la distancia… pero preparados para entrar en juego.

