Con apenas cinco largometrajes dirigidos (aparte de cortos, guiones y demás labores relacionadas con el cine), cuatro de ellas en solitario, Víctor Erice es considerado por muchos como el Terrence Malick europeo. Salvando distancias (un servidor, sobre gustos, cada uno tiene el suyo, no conecta demasiado con el concepto de cine de Malick, y sin embargo sí con el de Erice), ambos autores tienen ciertas similitudes en el gusto por la estética, visual y alegórica, por explorar vericuetos complejos de las interioridades humanas, por los entornos naturales… y por la manera reposada, casi parsimoniosa de desgranar historias, aportando a los pequeños momentos capital importancia para construir la credibilidad del relato. Cabe esperar con estos argumentos que el cine de este tipo de autores posa gran parte de su éxito en poner el foco sobre su elenco secundario, y el trabajo de casting se antoja vital.
Treinta años después de su último largometraje, Erice, que ya cuenta con 85 años (por eso esta película se ha descrito como “testamentaria”, manía de jubilar al personal…) estrenó en 2023 con el lirismo acostumbrado una pequeña gran joya que rinde pleitesía a la belleza del cine, a la memoria (más a hacer balance vital incluso que a la memoria en sí) y a la identidad. La trama nos lleva a un popular actor español, Julio Arenas (interpretado por José Coronado, en un papel que fue multipremiado), desaparece durante el rodaje de una película. Aunque nunca se llega a encontrar su cadáver, la policía concluye que ha sufrido un accidente al borde del mar, pero veinte años después, este misterio vuelve a la actualidad a raíz de un programa de televisión que ahonda en la figura del actor y en su posible destino final, ofreciendo como a su vez una entrevista con el director de la obra, en su momento amigo personal del actor.
La voluntad de no estropear al lector el devenir de los acontecimientos hace que hasta aquí se pueda contar, y sólo queda por añadir que Miguel, el citado director (inconmensurable Manolo Solo en su trabajo, deslumbrando con naturalidad y haciendo grande a un personaje cotidiano que en otras manos podría haber sido anodino), se ve envuelto en algo más que una intervención televisiva. También forma parte del reparto una Ana Torrent que ya trabajó con Erice hace 50 años, cuando apenas era una niña, en El espíritu de la colmena, colaboración que bien podría decirse que cierra la cuadratura del círculo profesional de ambos.
Se trata de un relato de enorme belleza, con interés por la intriga que se plantea, pero dotada a su vez de una poesía visual sólo a la altura de un gran autor a estas alturas poco temeroso de lo que piense el respetable de su trabajo.
Esa falta de elemento externo que atenace su visión particular hace de esta cinta algo tan exclusivo como particular. Si en su momento no acudieron al cine, o la vieron estrenada meses después en televisión, aconsejo buscarla, hoy en día no es difícil encontrar en un lado u otro una película que no debe dar miedo por su extensísimo metraje de más de dos horas y media de pura vida tangible, de cine dentro del cine (con momentazos que nos regala como el homenaje a Río Bravo de Howard Hawks), y delicado buen gusto que respeta la inteligencia del espectador y le deja reflexionar solito. Hay que rendirse al mérito que tiene el hecho de que una película que tiene su estreno tan cercano en la memoria ya pueda verse en la lista atemporal de imprescindibles.
Dirección: Víctor Erice. Año: 2023. País: España. Duración: 169 min. Género: Drama. Cine dentro del cine. Intérpretes: Manolo Solo, José Coronado, Ana Torrent, María León, Petra Martínez, Soledad Villamil, Mario Pardo, Helena Miquel, Josep Maria Pou. Producción: Víctor Erice. Guion: Víctor Erice, Michel Gaztambide. Música: Federico Jusid. Fotografía: Valentín Álvarez. Productora: Coproducción España-Argentina; Tandem Films, Pampa Films, Pecado Films, Nautilus Films, Movistar Plus+, Canal Sur, RTVE.