Tertulia PD / Fundación para la Salud Geoambiental

Ezequiel Cabado: «Los niños no deberían hablar por el teléfono móvil»

Las ondas afectan a todos los seres vivos, y vemos que cada vez hay más personas ‘electrosensibles'

Nuestra salud se ve afectada directamente por el lugar en el que vivimos. En nuestro entorno hay una gran cantidad de ondas y radiaciones, que afectan a nuestra salud y, aunque por lo general se trata de síntomas leves, cada vez hay más cánceres y enfermedades crónicas.

Estamos saturados, sin saberlo, de radiaciones artificiales por el inevitable avance de la tecnología: antenas de telefonía móvil, teléfonos inalámbricos, wifi, bluetooth… y estas radiaciones crean constantes interferencias con nuestros propios pulsos vitales.

De la preocupación por una mejora en la salud de las personas y los lugares que habitan, nace la Fundación para la Salud Geoambiental, con el lema ‘Un ser vivo, un entorno sano’.

Ezequiel Cabado, director de la Fundación para la Salud Geoambiental, nos explica el por qué de la preocupación por los efectos sobre la salud de la telefonía móvil:

Cuando hablamos de telefonía móvil, tenemos dos fuentes de preocupación. Por un lado, las antenas, en ocasiones a escasos metros de las viviendas, y que emiten radiación continuamente y por otro lado, los teléfonos móviles que todos usamos y que funcionan por medio de microondas, igual que las antenas. Estas microondas tienen un claro efecto térmico de elevación de la temperatura, como se produce en los hornos microondas, y otros efectos sobre la salud muy preocupantes: problemas de infertilidad, enfermedades neurodegenerativas, cáncer, etc.

Cabado añade que, estas ondas afectan a todos los seres vivos, y vemos que cada vez hay más personas ‘electrosensibles’, que sufren unos síntomas más exagerados cuando se ven sometidos a esta radiación.

Para evitar estos efectos, Fernando Pérez, vicepresidente de la Fundación para la Salud Geoambiental, explica que:

La legislación actual no contempla este tipo de problemas, y los fabricantes no contemplan que estos aparatos tengan que cambiar sus características técnicas. Si aceptásemos que existe un factor de riesgo por el uso de estos teléfonos, se podrían adoptar formas de uso, unas aclaraciones de cómo usarlos correctamente.

Pérez, además, advierte que este tipo de indicaciones suelen venir descritas en los manuales del dispositivo móvil, pero nadie les presta la suficiente atención:

Para reducir el riesgo al máximo, existen pequeñas acciones que podemos realizar, como reducir el tiempo de conversación, recurrir siempre que nos sea posible al manos libres o auriculares, llevar el móvil lo más alejado del cuerpo posible, utilizado un bolso o algo similar, y desactivar la cobertura y los datos del teléfono, pues, si lo mantenemos activado, el móvil está continuamente recibiendo información.

Cabado también especifica que hay que evitar sobre todo llevar el teléfono en el bolsillo del pantalón o en el de la camisa, pues en un caso se encuentra cerca del aparato reproductor, y en el otro, al lado del corazón, y puede afectar a las constantes vitales.

Este riesgo existe realmente, como hace ver el director de la Fundación para la salud Geoambiental:

Es un hecho que cada vez hay más personas que se declaran ‘electrosensibles’. Son gente que, cuando la sitúas en un campo electromagnético, presenta síntomas como dolores de cabeza, dermatitis, sequedad de mucosas, trastornos del sueño, etc. Los médicos empiezan a encontrarse con estos cuadros y a veces no saben muy bien qué hacer con estos pacientes. Los responsables de salud pública deberían empezar a plantearse la creación de unidades específicas para estos trastornos porque puede convertirse a medio plazo en un problema.

Con la colaboración de Sandra Besga

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