Yo no menosprecio a Franco en ningún momento. Pero, desde luego, no lo elevo a la categoría de un gran hombre. Jamas
Ángel Viñas, Catedrático de Economía, Técnico Comercial y Economista del Estado desde 1968, fue entrevistado en el plató de Periodista Digital para conocer de su mano datos no conocidos hasta ahora sobre el General Franco. Viñas se apodera de las memorias de Francisco Serrat Bonastre, un cercano a Franco, y las moldea bajo la forma de un fascinante libro titulado ‘Salamanca, 1936′.

Francisco Serrat, un diplomático al servicio de la República Española, optó en 1936 por adherirse a los militares sublevados. Franco le escogió como su primer Secretario de Relaciones Exteriores. Estas memorias, hasta ahora desconocidas, narran y describen sus experiencias, entre Burgos y Salamanca, donde el Caudillo había establecido su corte, tratando de poner orden en la actividad de una autoridad caótica y desorientada, en una sociedad que vivía bajo el terror de la actuación incontrolada de los falangistas y de unos tribunales militares empeñados en «encausar a la humanidad entera».
Nadie nos había proporcionado hasta ahora una visión desde dentro de aquel «estado campamental», de sus limitaciones y de su desquiciamiento, tal como los vivió Serrat, antes de huir de aquella «tremenda pesadilla». Ángel Viñas no sólo ha editado y anotado este texto, sino que lo enriquece con un estudio del personaje y de su entorno, que nos ayuda a entender el drama de quienes optaron inicialmente por los sublevados, hasta que acabaron descubriendo lo que realmente representaban. Serrat, que pasó de «ministro» a refugiado en Suiza, perseguido por la saña de Franco, es un caso único en la diplomacia española.
TITULARES MÁS RELEVANTES
Llegué a las memorias de Francisco Serrat Bonastre a través de su familia. La familia me las dejó ver, y a mi me parecieron muy interesantes. Me dieron autorización de reproducirlas y editarlas. Pero el personaje es totalmente desconocido. Yo he oído hablar de él, pero no tenía una idea muy clara de quien era.
En un régimen dictatorial, como el de Franco, y Serrat lo califica así, el estar próximo a la fuente de poder determina el poder. Y el que está alejado, pues no cuenta.
A mí lo que más me ha llamado la atención es que un hombre, como Francisco Serrat, que es leal, que voluntariamente se asocia con ellos, que cree que la dictadura es necesaria, que la Guerra Civil es necesaria, se siente tremendamente inseguro ante la arbitrariedad, ante el ejercicio del poder, ante los fusilamientos, ante la misión en general. Él se siente inseguro, no se atreve ni siquiera a llevar un diario de miedo que porque se lo puedan confiscar. Y es un señor que es un poco cerca de Franco.
Franco no tenía particulares calificaciones en materia de política exterior. No tenía porque tenerlas tampoco. Lo que pasa es que la figura de Franco se ha revestido de caracteres míticos desde el principio.
Los seis primeros meses de la Guerra Civil son absolutamente críticos. Y están mal estudiados en general, salvo lo que se refiere a las operaciones militares. Estas se producen, tienen resultado, pero el submundo, lo que hay detrás, es relativamente poco conocido y muy mitificado.
Franco tenía una línea directiva de apoyarse lo más posible en las potencias fascistas, que eran, francamente, los que le sacaban las castañas del fuego. Lógicamente, se apoyaba en Mussolini, se apoyaba en Hitler y también en Salazar. Es decir, ellos lo ayudaban de manera directa.
El año que viene será el 40 aniversario desde el fallecimiento del general Franco. Habrán muchos libros sobre Franco.
Franco es una especie de camaleón. Y un camaleón típicamente se adapta al terreno que pisa o por el que corretea y cambia de color cuando es necesario. Entonces Franco se adapta a los cambios de coyuntura. Por otro lado, si no se hubiera adaptado, hubiera fenecido, no se hubiera podido consolidar.
Hay muchos historiadores que menosprecian a Franco, especialmente de izquierda. Yo no menosprecio a Franco en ningún momento. Pero, desde luego, no lo elevo a la categoría de un gran hombre. Jamás.
Las memorias de Serrat no eran de dominio público y yo he hecho un esfuerzo por sacarlas, pero allá habrá de otros generales, o de otros acercados a Franco, papeles que todavía no se conocen. Cuando se conozcan se puede profundizar más en el comportamiento de Franco, o en los mecanismos que impulsan a Franco.
Las dos biografías de Preston sobre Franco son las mejores. Preston tiene la biografía digamos base: ‘Franco, Caudillo de España’. Y luego tiene una cosa interpretativa que aquí, no se por qué, no ha tenido demasiado éxito, ‘El gran manipulador’. Yo creo que cuando se coge la biografía de Preston y el libro ‘El gran manipulador’ es el mejor retrato disponible de Franco hoy.
En la corte de Franco, quien llevaba la intendencia, por así decirlo, era el hermano de Franco, Nicolás, como Secretario General del caudillo. Por Serrat, tenemos un testimonio muy directo que Nicolás era un poco «viva la virgen»: hombre corrupto. Cómo él disponía de los fondos que había yo no lo se. Pero nadie lo sabe. No salieron papeles a la luz.
Franco era austero, sí, pero estaba en una guerra, en un combate, y claro, no iba a hacer alarde de grandes riquezas. Yo creo que lo que mejor retrata a Franco, francamente, es una afirmación atribuida al general Miguel Cabanellas que lo conocía bien. Él dice que Franco no necesita dinero porque él considera a España como su finca, como suya.
Serrat tuvo un final amargo. Yo lo contrapongo al destino que tuvo uno de sus némesis, que era un hombre muy ligado a Nicolás Franco, otro diplomático, José Antonio Sangróniz. Él probablemente fue el que le tendió la trampa que llevó a que Serrat fuera perseguido por Franco y por Nicolás.
Refiriéndome al caso de España, porque sobre los populismos en Europa puedo hablar con mejor conocimiento que en el caso Español, yo sí creo que hay algunos paralelismos. El paralelismo que yo he notado, pero puedo equivocarme, es anterior al surgimiento de Podemos. Se refiere a la política del actual Gobierno, a su actitud.
Yo entiendo que una gran parte de la política del Gobierno actual, que ha sido votado por la mayoría de los electores españoles, recuerda mucho al comportamiento de la derecha española en el año ’35, en el sentido en que está orientado esencialmente a derrumbar lo que es derrumbable de los avances obtenidos hasta el año 2011 o 2012, en gran parte impulsados por los Gobiernos socialistas. Me refiero a la Ley del aborto, a la Ley de la dependencia, a la Ley de la memoria histórica, al desarrollo de las bases del estado de bienestar, a la privatización de la educación, a la privatización de la salud pública. Claro, esto hecho al amparo de la crisis.
Yo vivo en un país, Bélgica, que es adelantado en materia de protección de derechos civiles. Allí por supuesto que se reconoce el aborto, se reconoce la eutanasia, se reconoce la eutanasia aplicada en condiciones estrictas a los menores de edad, se reconoce el derecho de decidir una muerte digna. Es decir, es un país muy civilizado. Y francamente yo no veo que esto esté aquí.
Yo creo que España, francamente, en política no es un país moderno.
Evidentemente, el surgimiento de Podemos se explica, creo yo, por la sensación de impotencia de un sector muy amplio de la sociedad española, que no se ve representado, digamos en el comportamiento de ciertos partidos políticos, que no ven en sus propuestas una salida, en tanto que Podemos emite un mensaje absolutamente simplista.
La pertenencia a la Unión Europea ha reportado a España grandes beneficios. Ahora es verdad que la política de austeridad impuesta desde la U.E. impone grandes sacrificios, no sólo a España. Pero la respuesta no es la salida de la Unión Europea. La respuesta no es tampoco derogar la Constitución e ir a un proyecto constituyente ex novo.
Leí en Wikipedia el programa de ‘Podemos’ en las Elecciones Europeas, que he seguido con mucho interés. Viviendo en Bruselas las sigo con interés. Pero también vi lo que pasaba en España y me dejó aquello completamente helado. Si la respuesta a los problemas de España es salir de la Unión Europea, o salir de la OTAN, por ejemplo, entonces esto es un desastre.
Yo no voto Podemos. Ni he votado, ni votaré a Podemos.

Ángel Viñas es catedrático de Economía desde 1975 y técnico comercial y economista del Estado desde 1968. Sus últimas obras son ‘En las garras del águila. Los pactos con Estados Unidos, de Francisco Franco a Felipe González (1945-1995)’ (Crítica, 2003) y ‘La soledad de la República. El abandono de las democracias y el viraje hacia la Unión Soviética’ (Crítica, 2006).
‘El escudo de la República. El oro de España, la apuesta soviética y los hechos de mayo de 1937’ (Crítica 2007), ‘El honor de la República. Entre el acoso fascista, la hostilidad británica y la política de Stalin’ (Crítica 2008) y, con Fernando Hernández, ‘El desplome de la República’ (2009). Como fruto de su actividad diplomática, cabe destacar también ‘Al servicio de Europa. Innovación y crisis en la Comisión Europea ‘(2005).

