Huele a chamusquina, a encerrona.
Y con mucho dinero de fondo.
Julio Iglesias, el icónico cantante español de 82 años, se enfrenta a una grave denuncia por agresión sexual y trata de personas ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional y OKDiario, el digital de Inda, ha dedicado su editorial a reflexionar sobre esta polémica.
Dos ex trabajadoras, Rebeca y Laura, han relatado situaciones de abuso en sus mansiones de Punta Cana y Bahamas. Sin embargo, las circunstancias y los mensajes intercambiados lanzan interrogantes: un tono amistoso por parte de Rebeca dos años después del presunto incidente.
Rebeca, una joven dominicana de 22 años en 2021, comenzó a trabajar en la villa de Punta Cana como empleada doméstica.
Sin tener idea de quién era Julio Iglesias, tuvo que buscar información sobre él en Internet. En su primer día, él revisó sus uñas y comentó sobre su belleza. Con el tiempo, sus comentarios se tornaron más sugestivos, incluyendo observaciones sobre sus glúteos y presiones para mantener encuentros sexuales. Relata episodios de penetraciones forzadas, bofetadas, insultos y tríos con una asistente. “Me sentía como un objeto, como una esclava”, confiesa.
Por su parte, Laura, fisioterapeuta venezolana de 28 años, experimentó tocamientos y besos no consentidos. Iglesias se puso en contacto directamente para ofrecerle el trabajo: “Te habla Julio Iglesias, ¿estás lista para que te cambie la vida?”. Ambas trabajadoras vivían en régimen interno, completamente aisladas del exterior y bajo un estricto control. No podían comunicarse entre ellas ni con hombres. Él solía repetir: “Tu único amigo soy yo”.
Los medios han contrastado sus testimonios con documentos que incluyen constancias laborales, fotografías, mensajes de WhatsApp, registros telefónicos y pruebas médicas sobre infecciones de transmisión sexual (ITS) obtenidas en junio de 2021. Una mánager llegó a solicitar análisis ginecológicos al grupo de WhatsApp: “Girls. Mándame por favor todos todas los análisis”. Psicólogos y amigas corroboraron las historias en su momento.
Sin embargo, aparecen contradicciones preocupantes. Dos años tras las supuestas agresiones, Rebeca envió mensajes a Julio Iglesias que decían: «Holaaa señor 👋 Lo quiero mucho». Se ofrecía «a la orden». De “lo quiero mucho” a acusarle de violación es un salto significativo. Estos WhatsApps han sido destacados en análisis recientes y plantean dudas sobre la credibilidad del relato. Yo no te creo, hermana, es el eco del escepticismo ante tal cambio.
La ONG Women’s Link asesoró la denuncia presentada. Sus representantes, Jovana Ríos y Gema Fernández, identifican un patrón: Iglesias solicitaba jóvenes latinas con atractivo físico a través de house managers. Se priorizaban características físicas por encima de competencias laborales. “Siempre las solicitaba jóvenes latinas y con un físico que le agradara”. La Fiscalía ya ha tomado testimonios protegidos de ambas denunciantes.
El giro inesperado
Los mensajes enviados por Rebeca dos años después chocan frontalmente con su testimonio anterior: «Holaaa señor 👋 Lo quiero mucho». Se ofrecía nuevamente «a la orden». ¿Se trata acaso de miedo residual o una estrategia? El debate se intensifica: ¿coerción continua o contradicción evidente? La Fiscalía está evaluando todas las pruebas disponibles, incluidos esos mensajes.
En sus relatos sobre abusos sufridos, Rebeca describe situaciones degradantes: dedos por todas partes, tirones del cabello y órdenes durante los encuentros sexuales grupales. Afirma sentirse como un “robot”, como “tu esclava”. Por su parte, Laura escuchó anécdotas vulgares sin sospechar al principio lo que realmente estaba sucediendo; tras salir comenzaron a conectar sus experiencias compartidas.
En Bahamas se repitieron patrones similares; el ambiente era descrito como una especie de “casita del terror”. Las empleadas eran racializadas y jóvenes; muchas se encontraban vulnerables debido a la pandemia. A pesar del escaso dominio del inglés por parte de Rebeca, fue retenida allí.
La mánager facilitaba los abusos e incluso participaba activamente; hasta ahora no ha respondido preguntas al respecto. Las pruebas relacionadas con ITS sugieren riesgos compartidos entre las trabajadoras.
Hasta ahora, Julio Iglesias solo ha respondido a través de un comunicado público sobre esta situación desmintiendo las acusaciones.
La Fiscalía deberá decidir si archiva el caso o avanza hacia acciones legales basándose en testimonios protegidos considerados clave para este proceso judicial.
Los mensajes posteriores al abuso alimentan aún más la duda existente respecto al caso presentado contra él; pasar rápidamente del cariño expresado hacia denuncias graves plantea interrogantes difíciles sobre manipulación o chantajes.

