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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CXV)

Ángel Sáez García 21 Dic 2014 - 14:00 CET
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EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Seguramente, el padre camilo Pedro María Piérola García, allí donde esté, se sentirá ledo, contento, de haber contribuido a formar como ciudadanos o personas a cuantos escribimos, hablamos o recordamos anécdotas protagonizadas por él con un cariño semejante al que él sembró en nuestros corazones y ahora sale a espuertas de nuestros sanctasanctórums.

Celebro que te haya agradado el poema. Mi hermano José Javier, que lo apreciaba tanto como llegué a estimarlo yo, fue quien me espoleó, desde solo sabe Dios dónde, a urdir los catorce versos endecasílabos que conforman el soneto que comentas.

La paradoja que has urdido en el arranque de tu otro escolio (dividido en tres), ciertamente, tiene entidad y hasta calibre. Entiendo que con la canícula, el calor, el bochorno, tengas pocas ganas de hacer algo de provecho. No me parece mala la metáfora que identifica a la nada con un cuchillo (al que, si le falta el mango, chillo; pero, si también carece de hoja, se queda, evidentemente, en la misma nada).

Tienes la rara habilidad (a la que no cabe hallar, sin embargo, un ápice o una pizca de malicia —alguna otra vez te lo he manifestado—) de hacer una gracia de un asunto al que no se la veo por ningún lado. El cura y la monja andaban haciendo un trabajo digno de alabanza en el continente negro. Si el sacerdote y/o la sor fueran deudos o amigos míos, tu comentario me hubiera molestado aún más de lo que ya lo ha hecho. Pero, como cada uno es como es, compruebo que sigues por la misma senda o con el mismo humor cuando refieres la alergia, felizmente superada, de tu señora madre. Celebro mucho este hecho.

A propósito del olvido de Pujol (y las presuntas malas artes de su prole), solo espero que todo quede aclarado o diáfano, como el agua clara. Y, si las supuestas susodichas se prueban, ¡a atenerse a las consecuencias!

Lamento tus malos humos por la avería del extractor que eliminaba los tales. A ver si se soluciona pronto el problema.

Siento, asimismo, contrariedad y pena por la pérdida humana que das a entender. Ya sabes que no olvido los clásicos versos de John Donne: “(…) La muerte de todo hombre me disminuye (…)”.

Ilusiónate con los felices días venideros de septiembre.

Te saluda, aprecia y abraza (y, en tu nombre, hace extensivos los significados de esos verbos a todos los tuyos)

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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