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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCLXXXV)

Ángel Sáez García 31 Oct 2016 - 14:00 CET
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EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCLXXXV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Te entiendo, porque al menda también le ha ocurrido tres cuartos de lo mismo que comentas en otras ocasiones. Ni siquiera a mí, el gestor del blog, me ha permitido a veces (me ha aconsejado que revisara el cuerpo de mi texto para hallar el vocablo o la expresión inapropiada) ciertas licencias (dejémoslas en) poéticas.

Déjame que añada unas gotas de retranca a tu comentario: acaso tu primera intención fuera presentar dicho escolio a un certamen o concurso literario (lo digo por la presentación y representación, por triplicado).

He sentido el triple abrazo como si fuera uno solo, pero mantenido tres veces, tres, por lo menos, en el tiempo, quiero decir, el triple de lo usual o acostumbrado en uno o la unidad.

Esa es, precisamente, la Elsa que describo en mi décima, la que tú conoces de vista (al menos), que ya ha llegado (cómo pasa el tiempo —mejor, cómo pasamos nosotros; porque este, y lo mismo cabe decir del espacio, es una intuición, una forma pura a priori de la sensibilidad, según Immanuel Kant—) al cuarto de siglo.

“Rubia e inteligente” es un oxímoron empedernido, pues lleva tanto tiempo arraigado en el inconsciente colectivo, que está pidiendo a voz en cuello o en grito que alguien lo haga añicos cuanto antes, un prejuicio que todavía sigue enquistado en muchas mentes, pues aún se escucha hoy en día por doquier. Qué razón tenía Albert Einstein cuando advirtió cuántos perjuicios nos acarrean los prejuicios, al reconocerlo de esta guisa: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

El quid del poema se halla en un día de fiestas, que la vi atareada, dando los últimos retoques a los disfraces que había confeccionado ella e iban a vestir la autora y su cuadrilla. Esa letanía, retahíla o rosario de adjetivos calificativos brotaron en mí con el recuerdo de la ocasión que menciono.

El rico Diego (cada una de las prendas físicas y morales que he destacado en Elsa lo hacen rico, no pobre, disiento) estará más encantado, sospecho y/o supongo, que otra cosa.

Ignoro si nos lee manera habitual. Si lo hace, seguramente, ya se habrá dado cuenta de que eres un coñón avezado, un zumbón de marca mayor. Poco más o menos, como el menda.

Te saluda, aprecia, agradece y abraza

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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