¿EN LA REALIDAD CUAJÓ EL DESEO?
Anteayer, martes, nada más coronar el soneto que titulé “La voz ‘cáncer’ me hurtó (y me dio) redaños”, a eso de las siete menos cuarto de la tarde, decidí bajar a la farmacia “Pascual”, que regenta su dueña, Mertxe, y atienden, de manera competente, las solícitas “Charo”, Raquel y Sonia, a que me tomaran la tensión arterial, como vienen haciendo cada semana, desde que no ingiero ni los dos miligramos de amlodipino, ni los cinco, nada, hace ya casi tres meses. Mis tensiones siguen estando dentro del rango de la normalidad. “Charo” me informó de lo que constaté con mis propios ojos, que al día siguiente iban a obrar en el espacio destinado y habilitado para tal fin; por tanto, opté por darme un paseo o vuelta inesperada por las calles y avenidas adyacentes al edificio donde vivo, antes de volver a casa.
Al mismo tiempo que iba dando un paso tras otro, primero adelantando el pie derecho y luego el izquierdo, alternativamente, iba recordando los catorce versos que había culminado unos minutos antes. Mientras los rememoraba, caí en la cuenta de que quizás, quien me los había inspirado, mi amada musa tinerfeña, Iris, me había brindado, además de los catorce endecasílabos del poema, diseminados en él, los números certeros que conformaran la combinación ganadora del próximo sorteo de Euromillones que ese martes iba a tener lugar, como de costumbre, en París. Así que, mentalmente, repasé y apunté (sin disparar nada a nadie): nueve (9), veinte (20), segunda (2), los dos (2), cuatro lustros (20), segundo (2), veinte doble (40); ergo, me decidí por esta combinación numérica: 2, 9, 14 (por ser 14, la suma de los dos cuartetos, 8, y dos tercetos, 6, versos endecasílabos de un soneto), 20 y 40; y elegí, para los estrellas, el 2 y el 4.
Me acerqué al despacho de apuestas (que también es estanco) más cercano, el que hay en la calle Río Madre (que hace esquina con la calle Ador), entré, rellené el boleto, pagué los dos euros y medio y me fui a casa convencido de que portaba, en el bolsillo izquierdo de mi bluyín, la cartera en cuyo interior obraba el resguardo de la apuesta que acababa de hacer y, con él, el premio con bote (no diré cuántos, para no dar envidia) de Euromillones.
Esa noche comprobé que la combinación ganadora era única, la mía. Y me dije: A veces (pocas, muy pocas, ciertamente) la casualidad cuadra o se alía con la causalidad. Y el amor se abre paso entre mil y una dificultades, sorteando escollos, torbellinos y demás obstáculos sin cuento.
En la realidad cuajó el deseo. Al menos, en la del sueño que tuve esa noche, que viví como real, y acabo de contar aquí; como tres cuartos de lo propio suele ocurrir con los abrazos y los besos que me da y doy a Iris, que son, asimismo, oníricos.
A continuación dejo constancia del soneto mentado arriba, por si el atento y desocupado lector (ella o él) se anima a leerlo y advierte otra combinación ganadora en su interior.
LA VOZ “CÁNCER” ME HURTÓ (Y ME DIO) REDAÑOS
En nueve meses, pronto hará veinte años
Que, ¡oh, milagro!, dio inicio mi segunda
Vida, tras escuchar la tremebunda
Voz, cáncer, que me hurtó (y me dio) redaños.
Como verdades hay en los engaños
(Me consta que un lector conmigo abunda
Y a los dos Vargas Llosa nos secunda),
Vi muchos beneficios, pocos daños.
Si como airea el tango, no son nada,
Iris, los cuatro lustros que han pasado,
No se le hace a este menda, no, pesado,
Que no te haya abrazado a ti, mi amada,
Desde el segundo mes del veinte doble,
Que ha convertido a tu amanuense en roble.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Home