Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Compra un libro y tendrás un huerto de arte

Ángel Sáez García 04 Mar 2021 - 14:00 CET
Archivado en:

COMPRA UN LIBRO Y TENDRÁS UN HUERTO DE ARTE

EL ÉXTASIS SU RÉPLICA TE EXIGE

Amable, atento y desocupado lector (ella o él) de estos renglones torcidos:

Déjame que, al inicio de este texto, te haga una confidencia escueta, pero necesaria, a la que seguirá, seguramente, como lógica y normal consecuencia, el apunte inexcusable de la razón de peso por la que debo recomendarte, con especial encarecimiento, la compra (hazme caso y date el capricho de, por una ganga, 19 euros, regalarte y llevarte a casa un huerto de indudable arte literario) y subsiguiente lectura (al menos, esta) del último libro que ha visto la luz de Luis Landero, “El huerto de Emerson”.

Si mi amada musa tinerfeña, Iris, a quien descubrí, hace dos años, en la isla afortunada donde se yergue imponente y majestuoso el Teide, fue, ¡eureka!, toda ella en su conjunto, un feliz hallazgo para mí, ora inagotable manantial de inspiración, ora pozo sin fondo amoroso, reconozco que la lectura (que empecé anteayer, viernes y, si el ritmo no decae, terminaré mañana, lunes) de la joya que ha salido del magín de Luis Landero, libro raro donde los haya y/o quepa hallarlos, por extraordinario, merece ser considerado, sin objeción posible, dechado y ejemplo de los versos 343 y 344 de la “Epístola a los Pisones” (obra también conocida como “Arte poética”), de Horacio: “Omne tulit punctum qui miscuit utile dulci, / lectorem delectando pariterque monendo” (“Se llevó todo el galardón quien mezcló lo útil con lo dulce, al lector deleitando y, al mismo tiempo, avisándole”).

Las quince espléndidas piezas, teselas u opúsculos que conforman “El huerto de Emerson”, magnífico mosaico, son “cuensayos” (si no se acepta este palabro, doy, por si se prefiere, otra opción, “ensayentos”), una no tan rara fusión de relatos de recuerdos y sucesos ficcionales, o amalgama de cuentos y ensayos, o viceversa, como, por ejemplo, algunos de los que firmó Jorge Luis Borges pueden ser tomados por precedentes incuestionables, inconcusos.

Me apuesto doble contra sencillo a que más de un lector, al acabar de leer las 234 páginas de la obra, da un brinco. Ignoro si, coronada dicha tarea, culminado dicho divertimento, juzgará la experiencia como una epifanía o un hito de su existencia (punto de referencia temporal que permita hablar de un antes y un después de), por considerarlo acontecimiento inaudito e insólito, que a una/o la/o convierte en otra/o. No me extrañaría nada (de nada) que más de un lector (ella o él) hiciera tres cuartos de lo mismo que llevó a cabo otrora, si hacemos caso a lo que dijo y dejó escrito, Gabriel García Márquez, “Gabo”, la primera vez que pasó (y posó) su vista por “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo, que, tras leer la novela, consumió las horas nocturnas de aquel día dichoso en volverla a leer. El éxtasis su réplica exigía. Había que duplicar o reproducir ese exaltado placer cuanto antes, como eso mismo, mutatis mutandis, confía, desea y espera Otramotro que ocurra con el genuino y glorioso orgasmo doble que él, en lo que puede que repute otro hito, anhela compartir con quien da pleno sentido a su vida, Iris.

Tal vez en la próxima edición (a la obra de marras le auguro muchas), esa es, al menos, mi esperanza y mi deseo (pero, como nunca descarto la posibilidad de que sea yo el equivocado, me conformo con dejar los tres apuntes que me dispongo a señalar enseguida a la consideración del autor), aparezca el “como” de la primera línea de la página 27 tildado; no conste la coma en la línea 14 de la página 56 (o acaso sean dos las comas que constate), y sí obre tras “cumple”, en la línea 17 de la página 127. Meras minucias, sí, peccata minuta, en una obra excelente.

No he acabado de leer la obra (mañana retomaré mi lectura en el capítulo 13, “Cuando éramos tan guapos”, en la página 193), pero, aun sin darle el oportuno remate, he sentido el impulso irrefrenable de urdir la presente crítica literaria (hay quien cree que criticar solo consiste en decir lo malo, ocultando lo bueno, y aun óptimo, de una obra, sea esta del tipo que sea; bueno, pues debo comentarte, si ese es tu caso, que yerras morrocotudamente; porque criticar consiste en hacerlo con criterio/s).

En “El huerto de Emerson”, Luis Landero ha ido sembrando a voleo, dejando diseminadas arbitrariamente aquí, ahí y allí, en esta, esa o aquella página (lee el párrafo de la 117, el que inicia “A mí lo imposible se me apareció el día…” y termina “una aparición celestial”, reléelo y me entenderás), revelaciones poéticas sin cuento. No te destriparé ninguna, porque tú, avezado lector (ella o él), seguramente, advertirás, cuando llegues a ellas, como si un cohete, habiendo arribado a la altura requerida, explotara y deviniera en un fogonazo o haz de luz cegador, telonero de un volcán aéreo que despide por su cráter invisible, en vez de lava, un sinfín de arcoíris.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

Más en El blog de Otramotro

Mobile Version Powered by