QUE EL CONSEJO SE QUEDE EN EL TINTERO
Mi amigo Emilio González, “Metomentodo”, me acaba de mandar un correo electrónico a una de mis direcciones de tal, en el que me ha escrito esto:
“Dilecto Otramotro:
“Hace siete y aun ocho lustros, cuando el romántico redomado, a machamartillo, que acarreo, porto o viaja conmigo, profundamente decepcionado y hasta hastiado de las candidatas que le habían hecho un poco de caso o tocado en suerte en los bares de las diversas zonas de ocio a las que acudió, juzgó conveniente y adecuado cambiar de estrategia y empeñarse con ahínco en intentar hallar pareja en otros ámbitos, talleres de creación literaria, verbigracia, comprobó, de manera fehaciente, que aquella decisión que adoptó podía devenir en un amplio abanico, que se abría o iba, desde la varilla que representaba variopintos juegos sugerentes de seducción, hasta la que daba cuenta de desastres horrorosos, morrocotudos, por equívocos sonrojantes (voz que, aunque parezca mentira o increíble, no tiene aún entrada en el Diccionario de la lengua española, DLE), vergonzosos.
“¿Qué hiciste para merecer y, lo que es más importante, mantener a tu lado a tu amada “Amanda”? Yo tengo la impresión refractaria de haber hecho todo lo posible, pero debo ser un cero a la izquierda, un negado, porque sigo soltero.
“Aconséjame; que tengo sedientas ganas de saber a qué sabe lo que tú ya has catado y conseguido, el amor verdadero”.
“Te agradece de antemano la solución que le vas a brindar, seguro, tu amigo,
“Emilio González, ‘Metomentodo’”.
Hace un minuto, poco más o menos, le he remitido estas líneas:
Dilecto “Metomentodo”:
Servidor, como tú, también se decantó otrora por probar fortuna en lugares calificados con un cero en erotismo, porque, de ese modo, podía frecuentar y/o pisar los suelos de esos terrenos sin que sus propósitos verdaderos fueran cazados al vuelo, siendo explícitos desde el principio.
Así que, a ti, Emilio, y al atento y desocupado lector (bien sea o se sienta ella, bien sea o se sienta él) de estos renglones torcidos, sea asiduo o esporádico lector de esta bitácora, os redacto las mismas líneas. Permitidme que el consejo que me pedís ambos se quede en donde está ahora, dentro del tintero, sin salir a relucir. Como ya os constará a ambos, por vuestras respectivas y propias experiencias, es una verdad como un templo esa locución que dice que el infierno está empedrado de buenas intenciones.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Home