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Me consta por qué Eladio no se casa

Ángel Sáez García 10 May 2022 - 14:00 CET
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ME CONSTA POR QUÉ ELADIO NO SE CASA

PORQUE TODA VERDAD ES INTERINA

¿POR SER AMO DEVIENE UNO EN ESCLAVO?

Eladio Golosinas, “Metaplasmo”, además de un literato decente (como Dios manda, en el doble sentido de digno, honrado, y adecuado, suficiente; para mí es tan alto como el ciprés de Silos o un rascacielos), como nos consta a sus lectores (habituales y esporádicos), es una extraordinaria persona, como, después de haberlo comprobado, de manera fehaciente, en plurales ocasiones, nos ha cabido certificar, demostrar y testimoniar a cuantos lo conocemos y tratamos, si no a diario, como sería nuestro deseo (correspondido, mutuo, recíproco), con relativa frecuencia (desde hace casi cuatro décadas cabales), y somos sus amigos del alma; y un hombre cabal, que no se casa con las ideas de nadie (ni siquiera con las suyas, de las que, nada más proferirlas o redactarlas, nota que se ha quedado corto, pues no se ha acercado —esa es la sensación refractaria que le ha quedado e identificado, de ordinario—, ni de lejos, a cuanto había previsto referir, antes de ponerse a ello). Y es que, amén de haber verificado el carácter provisional de las verdades, en constante ebullición y evolución, como determinó o sentenció, tras leer a Karl Raimund Popper, ha confirmado o ratificado varias veces que, entre lo que ideó mentalmente y lo que salió por su boca o dejó como estela o rastro su péndola, mediaba un buen trecho y, una de dos, o se había perdido algo de enjundia o, su mero adverso u opuesto, se había ganado algo. Ya que unas veces las palabras existentes no eran capaces de dar cuenta de la idea completa, todo lo diseñado, o, en su defecto, las dicciones utilizadas venían a decir más de lo que él había pensado afirmar. Uno tomó conciencia de ello, de esa doble verdad, vertiente o visión, nada más habérselas escuchado argüir o enunciar a Metaplasmo.

Como no hay mejor maestro que fray Ejemplo, pondré uno, clarificador. A él le servía o valía ese pensamiento del escritor francés Émile Salomon Wilhelm Herzog, más conocido por su seudónimo, André Maurois, que decía (y dice) así: “Ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa”. Pero un día cayó en la cuenta o reparó en que, si alguien no decía todo lo que pensaba, se estaba guardando una parte de lo reflexionado o meditado para sí. ¿Por qué razón? ¿Por no herir la susceptibilidad del oyente, ella o él, o porque temía que, si expresaba el argumento de peso que había pergeñado, este podía ser la causa de su enemistad con quien lo escuchaba arrobado, con suma atención? ¿Y si cuanto aducía lo hacía de manera irónica, o sea, queriendo expresar lo contrario de lo que había aseverado? Tengo para mí que solo el oyente asiduo a su discurso, el habitual al uso acostumbrado que Eladio hacía del recurso inteligente de la retranca o sorna, esto es, quien sabía de qué pie cojeaba, podía interpretar correctamente su alocución.

Últimamente, a Metaplasmo le intriga, persigue y subyuga una frase de Truman Capote, que leyó en la introducción que el autor de “A sangre fría” (1966), antepuso a la última obra que publicó en vida, “Música para camaleones” (1980), donde Capote nos echó un ídem a sus lectores, al dejar escrito en letras de molde esto: “Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse” (¿para no estar nunca contento con aquello que escriba?; ¿para no dejar de escribir, ora en prosa, ora en verso?). Bueno, pues, desde que Eladio leyó las primeras líneas del aforismo 29 de Franz Kafka, en concreto, estas, “el animal le arrebata el látigo al amo y se azota a sí mismo para convertirse en amo”, colige que acaso esos específicos renglones kafkianos fueron los que le impulsaron o inspiraron a Capote a redactar los suyos, y sean, precisamente, la causa, de manera provisional, al menos, del presunto carácter irrefutable que él, Metaplasmo, le concede. ¿Por ser amo deviene uno en esclavo?

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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