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Hay en el sandio un hueco para el genio

Ángel Sáez García 17 Ene 2023 - 14:00 CET
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HAY EN EL SANDIO UN HUECO PARA EL GENIO

DE RECOCINA FUI A RECOCHINEO

PASÉ DE LA PRIMERA A LA SEGUNDA

Fernando Savater (a quien mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, tiene catalogado como genio y colocado en su mente dentro de una hornacina laica, pues, según su opinión, se ha ganado a pulso ese lugar privilegiado por ser un intelectual como Dios manda, como un rascacielos, como, sin ninguna hesitación o duda, es, la punta sutil de una esperanza; servidor lo tiene subido en una peana o pedestal) en el arranque de su columna sabatina rotulada “Palabrotas”, publicada el pasado 7 de enero en el lugar de costumbre, la contraportada o última página del prestigioso diario EL PAÍS, asevera lo público y notorio, que “sería injusto decir que en los USA carecen de esa facultad satírica que se burla de la ridiculez humana”. Abundo con él, con Fernando, en dicho parecer, aunque dicho criterio sea una obviedad (pero, ¿cuántas no hay que preferir proferir antes de que muchas de las tales permanezcan silentes, sigan calladas?). Así que no sobra aducir que sería injusto y aun contraproducente afirmar tal cosa, dados los numerosos beneficios o virtudes que aporta, comporta y reporta la risa, y más aún carcajearse, a mandíbula batiente, de esto, eso, aquello o lo de más allá (que incluye, por supuesto, esa añagaza o subterfugio del más allá; el hombre, como acertó a sentenciar Jean-Paul Sartre en “El ser y la nada”, es una pasión inútil).

Uno, servidor, Otramotro, que se considera una persona juiciosa, sensata, se cachondea a menudo de cuanto lee, oye y ve, si esto es desopilante, hilarante, pero comienza a hacerlo por él mismo. Tiene una expresión, “atrás, Marcial”, semejante a la latina “vade retro, Satana”, que no es suya, sino que la tomó prestada de ahora, en este momento concreto, no recuerda ni sabe quién fue, pero que le sirve para tomar conciencia de sus meteduras o “meteblandas” de pata y reírse a carcajada tendida de sus despistes.

¿Cuántas veces, tras entrar en la recocina, y al verme con la diestra asiendo el pomo negro de una de las numerosas puertas de la alacena, no me habré preguntado lo mismo?: ¿A qué, diantres, he venido aquí? ¿A por qué? Acaso la razón descanse, esté o estribe en la cercanía de dos voces, recochineo y recocina, en el Diccionario de la lengua española, DLE; pues, dentro de ella me burlo de mí. Lo que me consta, de manera fehaciente, es que, por un extraño motivo, voy de la segunda palabra a la primera; paso de la recocina al recochineo en un pispás.

En la prestigiosa Universidad de Stanford, si hacemos caso a cuanto han ideado algunos de sus cráneos (¿más privilegiados?), según nos cuenta en la citada columna Savater, se cumple aquello que dejó escrito en letras de molde el filósofo estagirita, que “hay un rincón de insensatez en el cerebro del más sabio”. Esta verdad, de la que se burla Fernando con fina ironía, me lleva a apoyar la tesis aristotélica y a añadir, a renglón seguido, que algunas certezas que portaron las paremias las siguen portando y, si no marro, todo viene a indicar que las portarán en el futuro. Pues veo, claro, cristalino, que en todas casas/partes cuecen habas (y en la mía, cervantina, a calderadas), como sigue aireando el dicho en “casteñol” (neto resultado de fundir castellano y español).

He comprobado que el aserto de Aristóteles es un hecho irrefutable, pero veo que el susodicho queda cojo, manco y/o tuerto; y acaso otro filósofo, peripatético o no, debería proceder a complementarlo o completarlo, pues, asimismo, he constatado lo contrario u opuesto de lo que refirió Aristóteles, que “en el cerebro del más sandio hay un recodo o recoveco para la genialidad”. Estoy seguro de haber escrito sobre la gesta o el gesto que motivó que este menda llegara a semejante conclusión, pero me temo que volveré a insistir, a contar de nuevo la anécdota que me abrió los ojos y sirvió para que el abajo firmante pudiera perfilar y coronar la tesis que recoge este texto.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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