CUMPLIDO EL PACTO, ASÍ QUEDÓ LA COSA
Los únicos datos fiables que hay sobre ese personaje literario que aparece en algunos de mis textos en prosa (y como firmante, hasta el momento presente, de escasos sonetos, del que ahora aventuro o me atrevo a conjeturar que, si hubiera sido una persona de carne y hueso, y vivido como quien lee y ha escrito estos renglones torcidos antes a mano con la ayuda de un BIC azul, seguramente, los hubiera compuesto) y he dado en llamar fray Ejemplo, que convive con otros religiosos de la misma orden (que aún no he decidido cuál será; acaso haga como Cervantes y deje esa casilla sin rellenar, para que todas ellas se consideren legítimas candidatas o aspirantes a serlo) en el convento de Algaso, y yo, su creador, lo he convertido en autor de una veintena de libros misceláneos (al estilo de “El hacedor”, de Jorge Luis Borges), con la particularidad de que todos han recibido una estupenda acogida de crítica y público, sobre todo, donde él es conocido y hasta una institución, el septentrión peninsular, lamento tener que verme en la obligación de insistir e iterar lo obvio, que esos únicos datos fiables son apócrifos, mendaces.
Fray Ejemplo nació de una luminosa epifanía, de una hermosa e imaginativa revelación, la mera unión o fusión de dos de los excelentes educadores, que más y mejor recuerdo dejaron en mi intelecto y mi memoria, del seminario navarretano, donde estudié, del año 1974 al 1977, los tres últimos cursos de la extinta Educación General Básica, EGB. Evidentemente, tomé lo mejor de los dos, sus virtudes, dones y habilidades públicas y notorias y privadas, para crear el arquetipo o modelo de conducta intachable, del que tanto cabe y se puede aprender.
Ayer, nada más acostarme, caí, rendido por el cansancio, en los mullidos brazos de Hipnos o, en su defecto, en los de su hijo Morfeo; y habiéndome quedado roque, empecé a soñar, y me vi, dentro de la experiencia onírica, yendo de camino al convento de Algaso. Después de confirmarme fray Guillermo, el fraile portero, que fray Ejemplo me atendería, como de costumbre, en el recibidor, esperé a que apareciera por la puerta. Cuando la cruzó, a los tres o cuatro minutos, nos saludamos, dándonos el preceptivo abrazo de rigor, y le expliqué los dos sueños que había tenido durante la semana pasada, de los que ya sabía que no tenía que confesarme, porque, cuanto acaecía en los tales, aunque lo fueran, según él me había persuadido, no podían considerarse pecados. Tras indicarle que en un sueño las dos protagonistas femeninas que aparecían en ambos eran hermanas y en el otro madre e hija, me pidió que escribiera un soneto sobre el doble caso de marras y yo me avine a cambio de un do ut des, o sea, que él aceptara, a su vez, estampar su firma en el susodicho soneto. Cumplido el pacto por ambas partes, así quedó la cosa:
¿QUÉ AUGURA UN PORVENIR MÁS QUE HALAGÜEÑO?
Envejecer, esto es, deteriorarme,
En absoluto a mí me preocupa;
Empero, reconozco que me ocupa
Seguir soltero y solo despertarme.
¿A los setenta dos llegaré a hartarme?
Aunque este menda en torno suyo agrupa
A un montón de heterónimos con lupa,
Sabuesos de postín, a solazarme
No logran por sí solos; sí lo haría
Quien fuera buena fémina, María
De la Paz se llamase o Atenea,
Que son mis dos parejas cuando sueño;
Tan bien una en la cama se menea
Que me auguro un orgasmo muy halagüeño.
Fray Ejemplo
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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