CADA LECTOR ES UNA PERSPECTIVA
TAN VÁLIDA COMO OTRA, SI SE ARGUYE
De las dos revistas de papel (ambas tienen su correspondiente versión digital, que cabría denominar, más justamente, diario, pues lo es) que se editan semanalmente en Algaso, “La Voz del Septentrión” y “Algasurías” (vocablo resultante de la fusión de estos otros dos, Algaso y habladurías) cuyos ejemplares se venden en dicha ciudad y en pueblos del bello valle de Llave y sus alrededores, yo colaboro en la segunda. Las dos ven la luz el mismo día, el viernes (salvo si cae en fiesta, porque entonces se adelanta dicha tirada al jueves, o al miércoles, si la víspera también es festiva).
Bueno, pues, en la revista de la competencia (bienvenida sea esta), el pasado viernes apareció publicado en la sección que lleva el anagramático marbete de “Primeros primores” el soneto titulado “¡Cuántos guías nos han salido ranas!”, que, reconozco sin ambages, me ha encantado por estas dos razones de peso que le brindo, gratis et amore, al atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, ora sea o se sienta él, ora sea o se sienta no binario) de estos renglones torcidos, entre otras, que ahora callo, por no cansarlo o ser cargante con él, el ápice de gracia que exuda y la pizca de acrimonia, ironía o mala leche con la que lo trenzó su autor, fray Ejemplo.
Nada más leerlo, llamé a mi directora por teléfono para proponerle hacerle una interviú al fraile susodicho, una inconcusa biblioteca ambulante o itinerante. Tras hacer las oportunas y pertinentes averiguaciones, constaté que hacía cuatro años que no había concedido otra, desde la última; ¿por qué?, me pregunté. Mi jefa me adujo que, si fray Ejemplo se avenía a realizar, de buen grado, la misma, y lograba hacérsela, si era interesante algo de lo que él refería en ella, daría su beneplácito y saldría, sin plantear objeción, publicada. Así que, tras recibir la aprobación, el espaldarazo, me faltó tiempo para coger mis móviles (ahora no hace falta llevar grabadora) y me acerqué con mi utilitario al convento, para ver si podía hacer la entrevista en ese mismo instante. El fraile de la puerta me dijo que, durante esa mañana, la mencionada era meramente imposible, porque fray Ejemplo estaba ocupado hasta la hora del almuerzo, pero que le dejara apuntado el número de mi teléfono, por si le interesaba conversar conmigo.
Al día siguiente, el sábado, por la mañana, a eso de las diez y diez, fray Ejemplo me llamó al móvil para comentarme que no había publicado libro nuevo, y que le extrañaba, por ende, mi interés. Le mencioné que había leído la mañana de la víspera el soneto que había aparecido en “La Voz del Septentrión” (LVDS) y que me había encantado por varios motivos, entre los que destaqué, por supuesto, los dos que ya conoce el lector. Me dio las gracias por la loa, pero agregó que estaba escaldado con la prensa (en general), porque, en las dos últimas interviús que había concedido, habían tergiversado varias de sus palabras, según él, de mala fe, a sabiendas. Como comprobó mi insistencia, me propuso: ¿Qué le parece, si accedo a contestarle ahora, brevemente, a no más de media decena o docena de preguntas? Como a mí me pareció de perlas, y así se lo hice saber, él dio inicio a la entrevista así, con este imperativo zumbón: Dispare.
—¿Por qué ha publicado el soneto en LVDS?
—Porque una redactora de ese medio contactó conmigo, me preguntó si había escrito algo últimamente. Le dije la verdad, que sí: algunos sonetos. Me preguntó si podía enviarle uno, el que más me gustaba. Elegí mi preferido y se lo mandé el lunes a la dirección de correo electrónico que me dio. Usted ya sabe, porque ha sido quien me lo ha adelantado, que apareció ayer, viernes. Así fue el proceso, tal cual.
—¿Por qué escribió ese poema, en concreto?
—Porque me brotó la idea y conseguí llevarla a feliz término.
—Si lo he entendido bien, usted tiene una pésima opinión de nuestros representantes políticos.
—Lo ha entendido estupenda y, aún añadiré más, perfectamente.
—Creo que se refiere, dado el binarismo o dualismo reinante, maniqueo, a miembros de los dos bandos o lados del hemiciclo o tablero, derecha e izquierda.
—No marra. Eso es así, ciertísimo.
—¿Desea agregar algo más?
—Pensé, y le pido perdón por mi prejuicio, que me iba a pedir que explicara los catorce versos endecasílabos que lo componen, uno a uno. Le confieso que me hubiera negado en redondo. Un poema se puede abordar desde tantas perspectivas o puntos de vista como son sus lectores, incluso desde prismas no considerados por mí.
—Muchas gracias, por todo.
—A usted, por su honestidad.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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