Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

¿Una conversación privada oyendo,…?

Ángel Sáez García 28 Dic 2023 - 20:00 CET
Archivado en:

#cuentosdeNavidad

¿UNA CONVERSACIÓN PRIVADA OYENDO,

TRAS HABERLA LEÍDO EN EL PERIÓDICO?

Ayer, mientras me tomaba un cortado con una sola gota de leche (como el hombre es un animal de hábitos, yo suelo darle, cuando lo ingiero en el sitio asiduo y a la hora acostumbrada, el primer sorbo en la barra, y luego me llevo la taza que lo contiene, sin el correspondiente platillo, a una mesa libre, si la hallo o la hay, donde suelo darle cuatro tragos más), en la cafetería EZA, de Algaso, aprovechaba para echarle un vistazo al diario de tirada nacional que había sobre la mesa, en una de cuyas cuatro sillas dispuestas a su alrededor, en sus cuatro lados, la que quedaba enfrente de la caja registradora, me senté.

Puede que esto, lo que me dispongo a narrar aquí a continuación, al atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, ora sea o se sienta él, ora sea o se sienta no binario) de estos renglones torcidos le parezca mentira, le suene al eco de un mero embeleco, o, como mucho, a sueño (y me hago cargo de ello, de veras), porque otro tanto lo conjeturé yo, mientras lo vivía, porque, atónito, pasmado, comprobé que la conversación, que mantenía la pareja de amigos que conversaban en una mesa aneja, a escaso metro y medio, y la podía escuchar sin dificultad, debido a mi fino oído, reproducía, palabra por palabra, el mismo parlamento que tenían otros dos amigos en un texto dialogado que acababa de llevarme a los ojos en la página 13 del periódico que aún aguantaban abierto (me había quedado de piedra, como una estatua del parque de La Alameda) mis manos, este:

—Si he interpretado correctamente cuanto acabas de proferir, tú defiendes que todos los seres humanos nos parecemos o que, como mucho, nos llevamos el canto de un euro, o sea, que apenas hay diferencias entre nosotros dos. Y eso puede ser verdad, porque, como adujo Terencio, por boca de uno de los personajes de su comedia “Heautontimorumenos” (“El hombre que se castiga a sí mismo”), Cremes, anciano padre de Clitifón, amante de Baquis, puta, a las personas nada de lo humano nos puede ser ajeno. Así que coincido contigo: apenas cabe hacer distingos.

—Bueno, amén de eso, que resultaba evidente, yo he dado preferencia a que cada vida es importante e interesante para quien la vive, por la sencilla razón de que solo se vive una vez.

—Ahora bien, no me objetarás, verbigracia, que la vida de tu madre, en las condiciones en las que me has contado que se halla, es una mierda.

—Sin duda. Sin embargo, la nuestra, tampoco refutarás este aserto, tenemos la obligación de exprimirla y sacarle el máximo jugo, partido o provecho.

—Abundo contigo, con tu parecer, pero no me negarás, porque te consta, que son o suman una legión quienes piensan que la vida de ellos es más importante que la nuestra o la de los otros. No han dejado de ser los egotistas que fueron en su adolescencia y se creen investidos de una gracia especial, con más derechos que los demás. Haber nacido en el seno de una familia rica, millonaria, no le da a nadie más derechos, sino, en todo caso, al contrario, más deberes u obligaciones, para comportarse con empatía, generosidad y solidaridad.

—Esa es, precisamente, la razón que ayer le aduje a mi jefe de departamento. Tú crees, le dije, que tener mayor responsabilidad que nadie aquí te concede un plus, pero es de potestas (potestad o poder), no de auctoritas (autoridad). Esta hay que ganársela a diario entre quienes están obligados a cumplir cuanto ordenas culminar, siempre que sean tareas asignadas al puesto de trabajo que ocupan. Como adujo y dejó escrito en letras de molde Jonas Edward Salk, “la recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho”, no con pésimos resultados. Desde tu atalaya o despacho, debes ser justo, y, tras valorar todos los datos y la información sensible que obra en tu poder, dar tu parecer ponderado. Así que, amigo, esto te lo digo ahora a ti. Tu vida puede ser tan importante e interesante para ti como la mía lo es para mí y la de Eusebio Zapador, el dueño de esta cafetería, para él.

—Pues eso me ha hecho recordar lo que leí en “Juan de Mairena: sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo”, de Antonio Machado: “Si alguna vez cultiváis la crítica literaria o artística, sed benévolos. Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin o conformidad con lo inepto, sino voluntad del bien, en vuestro caso, deseo ardiente de ver realizado el milagro de la belleza. Solo con esta disposición de ánimo la crítica puede ser fecunda. La crítica malévola que ejercen avinagrados y melancólicos es frecuente en España, y nunca descubre nada bueno. La verdad es que no lo busca ni lo desea”.

Me temo que ningún lector se va a creer que esto fue verdad, sino una patraña tramada con alguna maña. Y, si va acompañado de mascota canina, su can proferirá en su lenguaje ladrador, a base de un rosario de guaus, algo parecido a esto: A otro perro con ese hueso de pega.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

Más en El blog de Otramotro

Mobile Version Powered by