Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Cualquier asunto tiene pros y contras

Ángel Sáez García 03 Ene 2024 - 14:00 CET
Archivado en:

CUALQUIER ASUNTO TIENE PROS Y CONTRAS

¿POR QUÉ A LOS REYES MAGOS LLAMAN VAGOS?

SÉ DE QUIEN CURRA TODAS LAS JORNADAS

Son o deben ser muy pocas, contadas con los dedos de una mano, las personas que me leen con cierta asiduidad que ignoran que no tengo ordenador (ni ninguna gana de tenerlo en casa; un escritor sin su herramienta habitual, más imprescindible o necesaria, ¿adónde va?; pues a seguir escribiendo las primeras versiones de sus textos a mano con el proverbial BIC azul, como hace ahora, por ejemplo, a su personal manera o modo; y luego a pasarlos, usando una computadora de la biblioteca pública “Yanguas y Miranda”, de Tudela, a ordenador; contesto la pregunta que me he formulado con franqueza y sin considerarme ni bicho raro ni orate, al menos, no uno de los de atar con camisa de fuerza, por supuesto; mis amigos “los Luises” se han brindado a regalarme uno varias veces, pero otras tantas he declinado sus generosos gestos) ni un móvil con acceso a internet. Es una opción que elegí otrora, al ver abierto, completamente desplegado, el abanico de oportunidades, que me beneficia en algún aspecto y que me perjudica en otros, porque es innegable que la mentada decisión o selección tiene su intríngulis o busilis, sus pros y sus contras, como todo en esta vida; cualquier tema que consideremos, del que nos dispongamos a debatir, puede resultar, por ende, peliagudo.

Esta pasada noche, por ejemplo, se me ha hecho pesada, porque he permanecido dándole vueltas al nombre y primer apellido de un humorista, que firma sus colaboraciones diarias, recuadros o viñetas (de humor vario), en un diario de prestigio con uno de sus seudónimos. El aludido me encanta y lo he catalogado de lo que para mí es, un genio.

Estando tumbado decúbito supino en la cama, tenía la certidumbre de que su apellido comenzaba por la letra R, pero, a pesar de que han sido ímprobos mis esfuerzos, no ha habido manera humana de recordarlo. Bueno, pues, al final, pasada una hora larga, he recordado ambos; y, a renglón seguido, he podido conciliar el sueño y, tras quedar dormido en los mullidos brazos de Hipnos o Morfeo, descansar. Uno de los episodios oníricos que he tenido ha sido poco gratificante, ya que he estado valorando la posibilidad de que el olvido sufrido hubiera sido un aviso amenazante que a este navegante o peregrino ha hecho la que suele esgrimir un dalle, la parca, y aun otra varilla peor del abanico, de que se tratara de un indicio irrefutable de que servidor padecería pronto la enfermedad descrita por el neurólogo alemán Alois Alzheimer. Y el hecho no me ha extrañado, en absoluto, pues, como dijo y dejó escrito en letras de molde Howard Phillips Lovecraft, “la emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”. En mi caso, está claro, cristalino, a desconocer.

Hoy, por la tarde, me ha dado por reflexionar al respecto. De haber tenido ordenador en casa, lo hubiera enchufado a la red y hubiera solventado el fallo de memoria en un santiamén. He ideado un ardid o treta mnemotécnica para que no me vuelva a pasar lo propio: Quien es mago, Andrés, no puede ser vago. Pero me temo que esa no es más que una solución interina, provisional. ¿Y si me olvido también de la argucia mañosa o artimaña pergeñada? Confío, deseo y espero que eso no ocurra de nuevo.

Si aún recuerdo, de manera íntegra, las largas listas conformadas con las sílabas iniciales de las palabras de aquellas reglas de ortografía no canónicas que había ideado Pedro María Piérola García, que, estando estudiando los tres últimos años de la Educación General Básica, EGB, en Navarrete, nos las enseñó Jesús Arteaga Romero (un día el mencionado en postrero lugar, por teléfono, me confesó que él no había sido el artífice de las mismas, sino su amigo, colega y compañero azquetano, a quien yo bauticé antaño con el mote de “Golosinas”; y el músico y poeta, entre otras aficiones, se atrevió a hacer lo insólito —todos los seres humanos tenemos algún momento de debilidad—, las denostó, las desprestigió; he de reconocer sin ambages que esa precisa actitud suya me descolocó; y me molestó sobremanera que echara por tierra el excelente trabajo realizado y desarrollado (y también derrochado, según Arteaga) por Piérola, pues no me cuadró ni cuajó ni encajó; y en dicha conversación telefónica me mostré contrariado y le aduje dos razones de peso que objetaron su parecer: a mí y a varias/os de mis alumnas/os las tales nos habían servido —así que habían cumplido su papel, al haber resultado útiles—, y quien hace todo lo que puede no está obligado a hacer más; luego eso, discrepar de su criterio, lo hice más veces, pues los dos tolerábamos que circulara un río de disensión entre ambas orillas, nosotros; suele ocurrir entre docente y discente, y más cuando esos roles se intercambian), con más motivo recordaría esa bagatela, fruslería o menudencia. Ese día, en concreto, llegué a la misma conclusión a la que tantas veces había arribado antes por otros derroteros: cualquier tema que consideremos tiene sus puntos a favor y sus puntos en contra.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

Más en El blog de Otramotro

Mobile Version Powered by