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Impar dedicatoria: A fray Ejemplo

Ángel Sáez García 01 Oct 2024 - 14:00 CET
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IMPAR DEDICATORIA: A FRAY EJEMPLO

En un principio, el abajo firmante había pensado plagiar, palabra por palabra, la que Cervantes escribió al duque de Béjar, cuando el susodicho determinó alumbrar la primera parte (entonces el autor alcalaíno ignoraba que hubiera una segunda; favor que, a pesar de los pesares, le debió a “El Quijote” apócrifo, de Alonso Fernández de Avellaneda, ¿seudónimo de Jerónimo de Pasamonte?, tal vez) de su original “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” (1605), ya que este, don Miguel, había hecho lo propio con la que Fernando de Herrera coronó al marqués de Ayamonte, al sacar a la luz la obra que tituló “Obras de Garcilaso de la Vega con anotaciones” (1580), pero, de manera sensata, así lo cree, a pies juntillas, echó pronto en saco roto dicha idea.

Constándome que usted es persona de altura y envergadura (me apuesto, doble contra sencillo, a que no falta ni faltará el lector zumbón, que le saca o sacará punta a cuanto texto se lleve a sus ojos, y, en lugar de leer la palabra en cuestión, envergadura, como está escrita, de una pieza o vez, toda junta, empiece a descomponerla hasta que esta devenga en varias, separadas, que le hagan gracia por el resultado obtenido, protervo, salaz), pues, a sus variopintas dotes, hijas naturales de sus plurales inteligencias (de un tiempo a esta parte, lo lógico y normal es agregarles adjetivos calificativos a los diversos talentos que cabe identificar y, por ende, considerar), y a sus anchas espaldas y luengos brazos (que no conviene confundir con largas manos o dedos, por ejemplo, los que formaban el dos de bastos, que sacaba el as de oros, como leímos en el comienzo de “El Buscón”, de Francisco de Quevedo; expresión que no le cuadra a usted, pues no encaja con su personalidad dadivosa; y es que a nadie que acuda al cenobio le falta un plato caliente de sopa o legumbres que llevarse al coleto; y sé que usted ha dedicado muchos de los dineros que ha obtenido por la venta de sus libros para ese y otros menesteres solidarios, generosos), empáticos, y, por tanto, que tiene la arraigada y sana costumbre de amparar cualesquiera manifestaciones artísticas que se originen en la villa septentrional, donde se levanta el convento en el que usted vive en paz, en la grata compañía de sus hermanos de orden religiosa, he decidido dar mi permiso para que los editores, con los que he firmado el contrato de publicación, procedan a su alumbramiento definitivo. He dado en rotular el libro así, “Algaso”. Y, amén de por las razones aducidas arriba, he determinado dedicárselo a usted por una extraña razón de peso, porque esa fue la petición que me hizo en su lecho de muerte mi abuelo, al que usted conoció y trató, pues le reputaba a usted el mayor símbolo, icono o figura viva de la ciudad del norte peninsular. Así que, tras muchos e incansables días de creación literaria, y otros tantos de añadiduras, enmiendas y supresiones, he llegado a la conclusión de que estaba listo para ser leído, disfrutado y aprovechado.

Además de usted, muchas más personas, sean lectores habituales o esporádicos, pueden pasar su vista por los renglones torcidos que dicho libro contiene, y valorar si las líneas urdidas por servidor en él son merecedoras de un parecer positivo y/o negativo. Confío, deseo y espero que muchos de cuantos se acerquen a sus páginas (ora sean o se sientan ellas, ora sean o se sientan ellos, ora sean o se sientan no binarios) se acuerden de la opinión que, en la “Epístola a Baebio Macro”, dejó escrita en letras de molde Plinio el Joven, que es la misma que le había escuchado pronunciar tantas veces a su tío Plinio el Viejo: “dicere etiam solebat nullum esse librum tam malum ut non aliqua parte prodesset” (“incluso solía decir que no hubo ningún libro que fuera tan malo que no aprovechara en alguna parte”).

   Juan Pablo, el primer nieto de Otramotro.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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