Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Escudo y lanza porta la esperanza

Ángel Sáez García 05 Dic 2024 - 06:00 CET
Archivado en:

ESCUDO Y LANZA PORTA LA ESPERANZA

COMO PAULA, MI ACTUAL AMADA Y MUSA

Ignoro si al atento y desocupado lector, ora sea o se sienta ella, él o no binario, de estos renglones torcidos le ha ocurrido alguna vez algo parecido a lo que en varias ocasiones me ha seducido y, asimismo, su anagrama, sucedido, a mí, que estaba, por ejemplo, tan concentrado, enfrascado o pendiente de aquello que me incomodaba o molestaba, que no me enteré de lo precipuo o principal, de cuanto me suele placer y satisfacer sobremanera, cuando reparo en ello, claro, del amor, verbigracia, que pasó a mi lado, a menos de dos metros de distancia, delante de mis ojos, y no me percaté del fecundo tesoro que acarreaba consigo, por haberlo pasado por alto, ya que mi atención la ocupaba otro menester, la tenía puesta en otro asunto o tema, infinitamente menos importante e interesante.

Indefectiblemente, tras darme cuenta del error cometido, eso, velis nolis, me pesa, y me brota la perentoria necesidad de corregirlo cuanto antes, de ponerle pronto remedio. Comprobar, a posteriori, que he tenido al alcance de la mano al amor de mi vida y constatar, de manera fehaciente, que no he sido el sujeto lúcido y diligente que creía y más de una vez, rayando en la pecaminosa soberbia, me he jactado de ser, al no ver el hecho diáfano, cristalino, ha propiciado que me enojara mucho conmigo mismo, que me reprochara no haber estado al nivel esperado. He tenido que soñar, mientras estaba descansando en los mullidos brazos de Hipnos o Morfeo, el episodio onírico que ha llevado a las tablas de la escena el director, mi inconsciente, y hemos protagonizado ella y yo, donde se paraba el tiempo, pues dejaba de sonar el tictac del reloj de pulsera o muñeca, y se me detenía el corazón, pues dejaba de latir, para comprender lo obvio, que ella era mi media naranja o, en su defecto y/u objeción, la fruta entera, y, si se me permite exagerar, usar el recurso retórico de la hipérbole, hasta el zumo resultante, imposible de calcular, de exprimir todas las naranjas habidas y por haber en el mundo, desde que este es como parece, inmundo.

Así que me he propuesto ser un hombre de los pies a la cabeza y, por ende, firme en mi determinación o propósito, y sólido como una piedra, a la que, aunque el cansino gota a gota del agua me caiga encima y horade, aunque el tictac del reloj me desasosiegue, perseveraré en mi pretensión de enmendar los yerros en los que incurra, ya que, aun náufrago, conseguiré asirme a la tabla de salvación que va a significar ella, para prolongar mi peregrinaje por este valle de lágrimas y la transmigración de mi alma de poeta y/o profeta.

Hoy, más que ningún otro día de mi vida, me agarro al clavo ardiendo de esta frase proverbial de José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”, que esta vez, cosa rara, no la he recordado yo, sino que la ha rememorado y proferido ella, mi amada y musa actual, Paula.

Hoy, por primera vez (salvo error u omisión) en mi recorrido vital, ejerzo o funjo de abanderado de la esperanza, y he soñado, estando despierto, que Jules Verne ha venido a verme y a regalar a mis pupilas la lectura de una de sus frases más confortables, esta: “Mientras el corazón late, mientras el cuerpo y el alma siguen juntos, no puedo admitir que cualquier criatura dotada de voluntad tiene necesidad de perder la esperanza en la vida”, de su “Viaje al centro de la tierra”.

Por si la píldora de Verne no era bastante, suficiente, su tocayo Julio Cortázar se ha brindado a echarle una mano y ha cortado un trozo del capítulo 28 de esa tarta apetitosa que es su “Rayuela”, y me lo ha servido, puesto sobre un platillo, con la cucharilla al lado: “Probablemente de todos nuestros sentimientos el único que nos es verdaderamente nuestro en la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

Más en El blog de Otramotro

Mobile Version Powered by