DE LOS DEMÁS IGNORO LAS RAZONES,
MAS NO QUE TÚ, LECTOR, Y YO MENTIMOS
En algún escondrijo, recoveco o vericueto de varias urdiduras previas a esta, que llevan mi firma y/o la de mi seudónimo por excelencia, Otramotro, se puede leer que, además de en otros manantiales, en cuyas aguas acostumbro a saciar mi sed creativa, a saber, la ensoñación (que propongo distinguir, sin otro apoyo que mi criterio y decisión personal, del sueño, para diferenciar la primera, que ocurre mientras estoy despierto, del otro, que sucede mientras duermo), la lectura, el sueño, etc., uno de mis incontrovertibles veneros de inspiración es la realidad pura y dura, cuanto me acaece de manera mundana, ordinaria. El fundamento de este escrito en prosa (confío, deseo y espero que el atento y desocupado lector de estos renglones torcidos, ora sea o se sienta ella, él o no binario, no se moleste conmigo por hacer aquí, entre los límites de este paréntesis, el impar adelanto) descansa, estriba o radica en la citada fuente.
Los últimos estudios concienzudos de los que he tenido conocimiento, coronados por los departamentos de psicología comportamental o social de prestigiosas universidades, han arrojado algunas conclusiones coincidentes; por ejemplo, que una persona normal suele mentir entre cuatro y doscientas veces al día, de media. Para mí, la segunda cifra o guarismo de ese intervalo es una exageración o hipérbole, pero es que servidor no es muy hablador, ya que escribe más que habla. Ahora bien, en mis textos, aun basándome en hechos ciertos, reconozco una obviedad, que acostumbro a incluir numerosas patrañas y, por ende, a mentir mucho.
Acaso convendría aclarar pronto qué entendemos cada uno de nosotros por mentir. Si mentir es no decir o contar la verdad de cuanto ocurrió, insisto en iterar lo arriba escrito, primero azul sobre gualdo y luego negro sobre blanco, que invento mucho. A veces, a partir de un hecho concreto, fiel, real, verídico, fantaseo con lo que pudo precederlo y con lo que lo continuó, porque, según mi criterio, esos hechos imaginados, alternativos a los que de verdad sucedieron, eran creíbles, verosímiles. ¿Por qué embelecan mis semejantes? Lo ignoro. Las razones pueden ser variopintas; yo lo hago para que mis urdiduras sean mosaicos a los que no les falta ninguna tesela (o puzles a los que no les sobre ninguna pieza, que es otra forma de ver el caso), pues me agrada un montón que estén completos (o no, que de todo hay en la panoplia de servidor), acaso debido a mi horror vacui (horror al vacío).
Acabo de hacer un escueto sondeo a mi alrededor; y, de tres personas a las que les he preguntado, dos han coincidido en sus respuestas. No les he interrogado por qué mienten ellas, sino que he sido más sutil, por qué creen que lo hacemos los demás, y dos de los tres han abundado en su parecer, que, seguramente, lo hacemos porque nuestra vida no nos gusta cómo es y necesitamos aparentar que somos lo que no somos, pero nos gustaría ser.
Como todo se entenderá mejor si funjo de epígono de fray Ejemplo y pongo uno, clarificador, ahí va.
Aunque ni dos de mis vecinos ni yo somos detectives, investigadores privados; ni ellos se apellidan Holmes y Watson, ni yo Areta, hemos hecho, durante la última semana, algunas averiguaciones y experimentos. Tras hacer fotos a varios objetos en horas y días distintos, hemos concluido lo indudable y notorio, que el viernes 31 de enero no se limpió la escalera, de arriba abajo, y que el miércoles 5 de febrero no se hizo la primera planta y la entrada del edificio donde los tres vivimos, como se estipuló y contrató con la empresa de limpieza. A dicha determinación hemos llegado por varias razones, pero aquí me limitaré a dar una sola, esta, que el palo del chupachús de fresa, que alguien arrojó o se le cayó al suelo en un escalón de uno de los tramos de la escalera entre dos plantas (no diré cuál), durante cuatro días seguidos, permaneció en la misma posición. Consideramos la posibilidad de que el infante, ella, él o no binario, que lo tiró, hubiera consumido otros (y del mismo sabor a fresa) y estos hubieran caído en el mismo peldaño y hubieran quedado en la misma posición (así que, decidimos optar por probar por nuestra propia cuenta y riesgo, para salir de dudas; bueno, pues, en las tres oportunidades los resultados arrojados fueron distintos y distantes); así que, determinamos preguntarnos: ¿No es mucha la coincidencia? Yo creo más en la causalidad que en la casualidad, pero, como me gusta ser honesto, daré un dato fehaciente que tal vez venga a quitarme la razón. Una sobrina mía, que se presentó recientemente a las pruebas selectivas de acceso a plazas de formación sanitaria especializada (vulgarmente, al mir, acrónimo de médico interno residente), ha aprobado y obtenido plaza. Bueno, pues, el número del puesto que ha ocupado en la lista resultante por la nota obtenida coincide con su fecha (día y mes) de nacimiento. ¿Causalidad? Pues, sí, pero no cabe descartar que sea también por casualidad. Por la ley de protección de datos y por mi deseo de que queden los de mi sobrina ocultos en el anonimato no los doy.
Le comenté el hecho por teléfono al presidente de la comunidad de vecinos, para que se lo transmitiera, a su vez, al dueño de la empresa contratada. Este llamó a la trabajadora asignada, que le aseguró que limpió, pero nos consta que no lo hizo, porque las pruebas eran concluyentes. Es evidente que mintió como una bellaca. ¿Por qué lo hizo? Lo ignoro.
Nota bene
Le aduje al presidente que teníamos que controlar que la limpieza se hiciera y que la/s trabajadora/s que la había/n hecho firmara/n en un papel, para que, en el caso de que no la hubiera/n realizado o esta fuera deficiente, exigir al dueño las oportunas responsabilidades. Fue el propio empresario quien, según me refirió luego el presidente, se brindó a culminar esa hoja de Excel y dijo que él se encargaría de confeccionarla. Hoy, lunes 10 de febrero, cuando escribo estas líneas, que no coincidirá con la fecha de su publicación en mi blog de Periodista Digital, esa hoja ya obra en la entrada del edificio de la comunidad. ¡Eureka!
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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