SUELE SER EL MILAGRO INESPERADO
—Pido perdón a todos los presentes por mi retraso. Les aseguro que tenía una razón de peso para llegar tarde a esta cita —así comenzó su discurso, desde el mismo quicio de la puerta de entrada al salón, donde había sido convocado, el flamante ganador del Primer Premio del Concurso de Poesía en honor de Santa Ana en su décima edición, nada más oír su nombre y apellido—. Hace una hora, cuando descendía la calle Miguel Eza, a la altura del tapiado cine “Regio”, me he dado de bruces con una regia señora y he sentido un flechazo, sí, como si un venablo de Cupido hubiera ensartado en el mismo disparo, nuestros corazones, el de la dama y el mío. Lo propio ha sentido ella. Me ha convidado a tomar un té y he aceptado, si lo mudaba por una caña. Le he dicho que disponía de diez minutos. Bueno, pues, ese tiempo se ha multiplicado por cinco. Ahí, en la última fila, está sentada quien se ha presentado con el nombre de Ana.
Todos los asistentes al acto de entrega de premios giraron sus cabezas o se pusieron de pie para ver la causa del demorado; y, por arte de magia, excepto para quien había llegado ya al atril, la hermana de Dido se mudó en Santa Ana.
Federico Cuadrado, el hacedor / de esta cuestión: “¿Contra quién va ese elogio?”.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Home